Tratamientos

La tartamudez, una anomalía compleja

Es notorio e interesante tener bien en cuenta que la tartamudez es una anomalía enormemente compleja y que, fruto de esta circunstancia y en consecuencia, no se la puede erradicar –trabajo que normalmente es de un logopeda o de una logopeda- de repente. Por lo tanto, si en pocos días no hay adelantos relevantes es preferible mantener la calma. De hecho, y en este sentido, hablamos de tratamientos, y un tratamiento, normalmente, no es, tanto en el tema del tartamudeo como en otros aspectos a corregir, ni breve ni sencillo.

 

La dificultad de eliminar la tartamudez en edades adultas

Además, es necesario tener en cuenta que los tratamientos logopédicos y psicológicos difícilmente eliminarán el tartamudeo en edades adultas, a pesar de que es interesante apuntar, debido a su significación, que en determinadas personas puede haber mejoras en la fluidez de las oraciones y en la autoestima. Sin embargo, siempre partiendo de la premisa que es bastante complicado, singularizando, por lo tanto, en adultos, adentrarse en un estado de fluidez permanente.

 

Es habitual que el tratamiento tenga que ser multidisciplinar

Además, es habitual que una persona disfémica se ponga en manos de diferentes profesionales, si bien el logopeda suele ser el más corriente en la gran mayoría de los casos. Aún así, ponerse en manos de un psicólogo también es una realidad bastante extendida y común. Aparte, igualmente puede intervenir el psiquiatra en el supuesto que el afectado requiera medicación, y como complemento del psicólogo. En la práctica, es muy posible que en bastantes ocasiones el tratamiento tenga que ser, pues, y comentado esto, multidisciplinar, o sea, enfocado desde diversos puntos de vista, pero siempre valorando las necesidades particulares del individuo. Es probable, por lo tanto, que haciéndolo de este modo, haya más opciones de que el tratamiento sea satisfactorio.

 

Pautas básicas a considerar cuando se inicia el tratamiento

Dicho esto, pues, hay unas normas básicas que hay que considerar de lleno. Así, por ejemplo, y si una persona inicia un tratamiento para combatir sus dificultades en el habla, tendrá que tener presente los puntos que expongo a continuación:

 
. No se tiene que poner nervioso ni impaciente en el supuesto que surjan dificultades y que la mejora parezca atrasarse.

 
. La ansiedad, las prisas y los comentarios negativos hacia uno mismo y hacia el profesional, no ayudan; al contrario, empeoran la situación.

 
. Es necesario hablar con naturalidad y franqueza, con los interlocutores de confianza, del problema oral que tiene el afectado.

 
. El apoyo de la familia, amigos y pareja es fundamental, tanto que es preferible escoger un círculo de personas de máxima confianza a quién explicar el camino que va tomando el tratamiento.

 
. Es mejor mantener las conversaciones, mientras dure el tratamiento, en ambientes poco ruidosos y relajados. Hablar con tranquilidad y con una voz moderada siempre favorece.

 
. También favorece que el afectado no pase vergüenza cuando se encalla, de forma que este no tendría que bajar la mirada en el instante que tiene dificultades.

 
.Insistiendo en el primer punto, o sea, que se requiere paciencia y que la urgencia no es buena, hay que valorar que lo más probable es que la mejora sea progresiva.

 
. Por lo tanto, mantener y conservar una actitud positiva en relación con el tratamiento y la persona que lo dirige es una cuestión altamente importante.

 
. Es preferible ponerse en manos de un profesional especializado en tartamudez.

 
. Es probable que cada afectado o afectada requiera de un determinado tratamiento, o sea, que no todas las personas con tartamudez tienen que hacer los mismos tratamientos.

 
. Es muy importante remarcar las veces que haga falta que no hay tratamientos milagrosos. Por lo tanto, hay que evitar ponerse bajo las órdenes de alguien que así lo ofrezca.

 

Otras pautas a valorar

De cara a hacer un tratamiento lo más adecuado y cuidadoso posible, hay que efectuar una evaluación de la persona afectada de tartamudez con el objetivo anhelado de minimizar las visibles consecuencias en el habla. Así, es conveniente analizar el tipo de tartamudez, la recurrencia e intensidad de la tensión muscular y facial y de los bloqueos y espasmos y los efectos psicológicos que produce.

 

Algunos de los tratamientos más frecuentes de cara a intentar minimizar al máximo posible, dentro de la complejidad y la dificultad que un tratamiento pueda triunfar de una manera total y absoluta, son enseñar a la persona con tartamudeo a expresarse más lentamente, en particular al principio de las palabras y las oraciones, a la vez que conseguir una menor tensión física. También, sería importante saber controlar y vigilar la respiración, puesto que mientras el afectado se encalla esta sufre evidentes alteraciones.
Además, es interesante apuntar, debido a su significación notable, que, aparte de que la fase final de un tratamiento tiene que ser paulatina y, por lo tanto, no acabarse bruscamente, que una vez finalizado oficialmente el tratamiento, conviene no dejar del todo de lado al profesional que lo ha dirigido, y con el objetivo de no descartar en absoluto encuentros y sesiones complementarias con el propósito de evitar posibles recaídas.

El paciente tiene ansia porque el psicólogo le mejore el habla

Me gustaría transmitir, a estas alturas, una puntualización bastante significativa de carácter común. El deseo irrevocable –el ansia, quizás tendríamos que decir- de encontrar una solución definitiva a la disfemia es una circunstancia especialmente palpable en el transcurso de la adolescencia y la juventud. En todo esto, hay un detalle que es interesante de mencionar. Así, la norma general señala que cuando el adolescente sitúa su confianza en un especialista es bastante posible que aterrice sumergido en un estadio claramente depresivo, apático y muy poco animoso.

 

Las personas con tartamudez, pacientes potenciales de los psicólogos

Hoy, dejarse ayudar por un psicólogo –valerosas y requeridas personas que fruto de la popularización de su tarea y de las exigencias y la presión de la vida moderna no se encuentran faltos de trabajo- y muestra clarividente de los cambios profundos que ha vivido la sociedad en los últimos años, es una realidad tan conocida que es irracional percibirlo como un hecho raro y anómalo. Y un dato, en todo ello, que anoto como verdaderamente incontestable: a menudo, las personas afectadas de tartamudez somos pacientes potenciales de este grupo de profesionales, una aportación, en definitiva, de una notable valía y altamente aconsejable.

 

El papel del psicólogo es amortiguar los efectos emocionales adversos asociados al trastorno

En las personas agredidas por la tartamudez crónica se evidencia que el tratamiento debe ser diferente en relación con el que se lleva a cabo durante los primeros estadios de tartamudez de la infancia. Más que intentar maquillar y pulir –esto queda en un plano más secundario- una calidad deficiente del habla, a menudo la terapia se focaliza en amortiguar los efectos secundarios adversos que tantas veces –golpeando la vida cotidiana- acompañan a la disfluencia.

 

Dicho esto, la función primordial del psicólogo viene capitalizada en mejorar y en intentar reconducir la calidad de vida del paciente, enfatizando en las actitudes y conductas derivadas del patrón de habla singular y que probablemente condicionan el camino emocional, social y laboral. En cuatro palabras ajustadas a la realidad: el objetivo preferente de este tipo de profesionales es, a pesar de la posible traba diaria derivado de una expresión oral arrítmica, levantar el bienestar personal. Y, precisamente por este motivo, que ya es por sí mismo bastante sólido, no tenemos que dudar, si se tercia, de ponernos en manos de un buen profesional.

El apoyo de una medicación adecuada

En determinadas ocasiones, las personas con tartamudez podemos haber pensado que sin la medicación –una herramienta de una valía muy notable- hubiéramos tenido dificultades para salir adelante. Sin embargo, creo que sería mejor, en todos los casos y en cualquier persona, no tener que recurrir ni a antidepresivos ni a ansiolíticos. Ojalá con una voluntad enérgica y una coyuntura más favorable, hubiera suficiente. Sin embargo, adentrados cómo estamos en el siglo XXI, con la medicina tan avanzada, tenemos que poder tener, sin complejos ni vergüenza, el apoyo de una medicación cada vez más eficaz y segura y capaz de hacernos ver la vida desde otra perspectiva.

 

Algunos ansiolíticos y antidepresivos pueden mejorar levemente la tartamudez

Es conveniente apuntar, no obstante, que no existen, de momento, tratamientos farmacológicos específicos para mejorar notoriamente la disfemia o directamente eliminarla. Es decir: no hay una pastilla mágica que la cure. Aún así, justo es decir que, con el objetivo de combatir un habla arrítmica, hay que comentar que muchas personas con tartamudeo, periódicamente pero no siempre, toman antidepresivos y/o ansiolíticos. A veces, una dosis mínima entre mínimas; otros, en cambio, en cantidades superiores.

 

Algunos ansiolíticos y antidepresivos relajan y animan el paciente con tartamudez

En la práctica, la función básica del ansiolítico es tranquilizar y relajar al paciente. En una palabra: sosegarlo. El antidepresivo, a su vez, se encarga de mejorar el estado de ánimo y, en consecuencia, una autoestima probablemente devaluada. E incluso, hay ciertos antidepresivos que también mejoran el nivel del habla. No es un milagro, es una certeza. En la práctica, no son la cura a la disfemia, pero, considerando que levantan el ánimo y la autoestima, de rebote hacen que nos obsesionemos menos y, en consecuencia, que el tartamudeo tenga algunos progresos favorables.

 

Considero que tomarse antidepresivos no es una cosa que se tenga que publicar a los ocho vientos. Es una cuestión personal. Sin embargo, en el supuesto que, como personas disfluentes, tengáis necesidad, no os escondáis. Vais al médico. A pesar de que hay que estar atentos a algunos posibles efectos adversos, tenemos que estar a favor de este tipo de medicación. Pero sobre todo: no olvidéis que, pastillas aparte, para huir del bache emocional que pueda comportar la tartamudez hay que abrirse y, por lo tanto, hablar del trastorno a las personas de confianza y mantener una fuerza de superación firme y robusta.

Los logopedas, profesionales adecuados para intervenir en la disfemia

Es bien cierto que el tratamiento logopédico es uno de los más idóneos con la intención de moderar la disfemia. Así, bien probablemente, los logopedas son los profesionales más adecuados para intervenir en la disfluencia. Sin embargo, cuando un adulto se pone en manos de uno de estos especialistas es relativamente común que exteriorice indicios de recelo, de escepticismo. Debido a una razón sencilla de entender: porque las terapias anteriores que ha probado han acabado en un desengaño, de forma que observa al logopeda como alguien que difícilmente pondrá remedio a su problema de comunicación. Es bastante evidente, de un primer vistazo, que la terapia tiene que buscar una mejora en la calidad del habla, mucho más que unas conductas que busquen saber convivir, propósito que implica de todas todas a otras personas necesarias, los psicólogos.

Algunas claves del tratamiento logopédico

Dicho esto, los objetivos capitales del logopeda son, a menudo y en general, poner un énfasis preferente en el control de la fluidez, aprender a tartamudear con más suavidad y menos visiblemente, espolear el habla en situaciones de tensión, adquirir confianza como comunicador, hablar con lentitud y con calma, respirar mejor en el decurso del habla o rehuir las sustituciones de palabras costosas por palabras más sencillas. También, que el inicio de cada frase sea todavía más suave que el resto de la frase, expresarse con voz firme pero hablando sin prisas, o bien tensionar menos los músculos mientras se habla. Y un dato interesante: de acuerdo con el vigor individual del tartamudeo, las sesiones suelen ser particularizadas por una serie de matices.

Los grupos de autoayuda, espacios de crecimiento personal

Las asociaciones y fundaciones que tienen la tartamudez como su eje principal, y tanto las unas como las otras también sus delegaciones territoriales, realizan de una manera regular y periódica una serie de encuentros, que hay que ver como un espacio de crecimiento personal y dónde existe un compromiso de confidencialidad, donde las personas con tartamudez comparten sus experiencias ligadas al trastorno. Son los grupos de autoayuda, y que en ocasiones, pueden tener la presencia de profesionales que impartan actividades por el bien de los afectados de tartamudeo.

 

Los grupos de autoayuda, uno de los ejes de las asociaciones y fundaciones de tartamudez

En la práctica, los grupos de autoayuda que organizan las diversas asociaciones y fundaciones estatales y regionales, y que son uno de los ejes, sólo uno de ellos, a pesar de que bastante destacados, de estas entidades, suelen ser muy muy valorados por las personas que directamente participan. Y es que la hermandad y el buen ambiente acostumbran a ser absolutos. Así, se trata de experiencias recurrentes en el tiempo que, especialmente para aquellos afectados y afectadas a quienes el tartamudeo les toca más los ánimos y la autoestima, son evocadas sobre todo como provechosas y dinamizadoras.

La música, un instrumento valioso y eficaz para combatir la tartamudez

El poder curativo de la música -y de aquí viene la expresión tan acertada de musicoterapia- es claro e incontestable. En este sentido, y concretando en la tartamudez, acontece una herramienta ingente de cara a luchar contra las adversidades psicológicas que puede comportar tener una habla arrítmica. Por lo tanto, ciertamente, la música es un instrumento inmensamente valioso y efectivo para combatir el tartamudeo, como mínimo desde el punto de vista de las trabas emocionales que puede comportar.

 

El sonido de la música genera unas vibraciones solemnes

Así, de una parte, disfrutar escuchando con suma atención ciertos temas musicales que seduzcan de verdad, no tan sólo es un placer enorme e indiscutible, sino que emociona tanto, relaja de tal manera y atrapa en un estado tan grande de sosiego y de espléndidas vibraciones que, entonces, para muchos afectados y afectadas, la tartamudez pasa a ser, tan sólo, una simple e irrelevante anécdota de la vida.

 

El papel rehabilitador de los musicoterapeutas

Por otro lado, está comprobado que aquellas personas con tartamudez que, propiamente, practican la musicoterapia bajo los consejos de una persona especializada, que es el musicoterapeuta o la musicoterapeuta, y que sobre todo lo hacen cantando como válvula de escape para combatir sus adversidades a la hora de hablar, incluso pueden ver parcialmente rehabilitado su tartamudeo. De este modo, es probable que, en muchos casos, se sientan mejor con ellas mismas, se abran más y, por lo tanto, se hagan más sociables, lleven psicológicamente mejor su problema oral y, en definitiva, crezcan como personas.

El método Lidcombe, enfocado a los niños

El método Lidcombe es uno de los tratamientos más recientes y a la vez más consolidados que existen. Justo es decir que está explícitamente enfocado a los niños. Lo idearon en Australia, concretamente en Sydney y en la facultad de Ciencias de la Salud, y es un programa de intervención cada vez más extendido.

 

El tratamiento lo dirige un logopeda

Esencialmente, se trata de un programa donde los padres ayudan al niño tartamudo en sus ámbitos familiares y cotidianos, en un ambiente de juegos, relax y restándole lo máximo posible la presión. Es el logopeda o la logopeda quién dirige el tratamiento que, después, los padres tienen que poner en práctica sobre el terreno.

 

En la práctica, justo es decir que en el transcurso de las visitas regulares y periódicas que los padres hacen al logopeda, el profesional o la profesional les muestra qué tienen que hacer con la criatura y la manera de observar los resultados, esperadamente positivos y con una escala que va del 0, que quiere decir que ha desaparecido el tartamudeo, hasta el 10, de tartamudez muy grave, y esta puntuación que semanalmente se da a conocer al logopeda es absolutamente determinante de cara a comprobar la mejora del niño, si hay que rectificar algunos puntos del tratamiento en el supuesto que no acabe de incrementarse la fluidez y también ver si la mejora se consolidará próximamente.

 

El éxito del método Lidcombe

Cabe decir que el tratamiento, que consta de dos etapas fundamentales, o sea, una primera centrada desde el inicio hasta la casi desaparición del trastorno, y una segunda que marca la continuidad de la fluidez y, por lo tanto, alejar el riesgo de una recaída, es adaptable al hecho que cada niño es único y diferente, de forma que existe la posibilidad de ajustar el tratamiento en función de lo que se requiera. Y un detalle especialmente considerable a valorar: ha sido la Fundación Española de la Tartamudez quién lo ha implantado en España.

El método Ordóñez, creado por un sacerdote español tartamudo

El llamado “método Ordónez”, y más concretamente llamado Método de convergencia ortofónica, fue creado por el sacerdote español tartamudo Jesús Ordóñez, fallecido en 1963, una vez este superó su trastorno del habla y con el objetivo de ayudar a todas aquellas personas que se querían curar.

 

Hay que decir que, actualmente y en España, tan sólo lo dirigen dos personas que en su día lo hicieron y pudieron comprobar como la disfluencia remitía notablemente. Una es Josep Sansalvador, presidente de ATCAT; la otra, el valenciano Paco Martí.

 

Algunas características del tratamiento

Es necesario apuntar, dicho esto, que el tratamiento se inicia con seis días, como mínimo, de silencio total y absoluto de la persona con tartamudez que lo empieza. Ahora bien, este silencio tan sólo se tiene que romper con dos horas diarias de ejercicios, una hora matinal, y la otra durante la tarde. Cabe destacar que las tres primeras semanas de tratamiento son las que duran la parte principal del método, y que es cuando se hacen más intensamente los ejercicios, de los cuales hay que decir que tienen diversos pilares básicos.

 

Primero, se ejercita la vocalización; después, la respiración y relajación, y a continuación se realizan lecturas muy pausadas de textos. Hay que decir que está del todo comprobado que la mejora en este punto del tratamiento es muy habitual e incluso radical y sorprendente. Aún así, a pesar de los grandes adelantos del principio, que conviene insistir son muy frecuentes y considerables, se hace indispensable una enorme disciplina. De este modo, aparte de continuar haciendo ejercicios, ya en el momento de volver a hablar con todo el mundo se requiere totalmente mantener el ritmo lento y muy tranquilo en la expresión oral durante unos cuántos meses, detalle que puede parecer incompatible con la sociedad de la rapidez y las prisas que nos rodea.

 

Con disciplina, el tratamiento puede rebajar la intensidad del tartamudeo

De este modo, el riesgo de una recaída suele ser elevado, porque, absolutamente, hay que ser muy paciente y disciplinado por no acelerarse hablando, cosa que no se puede hacer antes de medio año del inicio del tratamiento. Sin embargo, es verdad que son numerosas las personas que han hecho el método Ordónez y que se han dado cuenta perfectamente que su tartamudeo es menor. Es decir: es imprescindible decir que, para un afectado o afectada adulto, la tartamudez no le desaparecerá, pero si el tratamiento se hace siguiendo todas las pacientes indicaciones y con toda la calma del mundo, las posibilidades de una mejora parcial son reales.