Efectos adversos de la tartamudez

Es indiscutible y está del todo comprobado que muchas personas con tartamudeo entran en un círculo vicioso del que es muy difícil salir y que, sin duda, puede afectar claramente y a la baja la calidad de vida del afectado o afectada.

 
Así, el círculo vicioso más habitual que daña la cotidianidad de un montón de personas con tartamudez es que, de entrada y cuando tiene que hablar con alguien, ya prevé que se encallará. Debido a esto, este miedo escénico -porque, hemos de bautizar a este tipo de situaciones con esta expresión contundente- provoca una presión sobreañadida. Entonces, es más fácil que las palabras no salgan fluidas. A continuación, y como consecuencia de la vergüenza que siente y la reacción que pueda tener el interlocutor o los interlocutores, se adentra aún más en un estado de frustración gigantesca. Este círculo vicioso, pues, es capaz de hacer añicos la vida de muchos afectados.

 

Es imprescindible comentar, dada su importancia e incluso trascendencia, que el tartamudeo puede conllevar efectos psicológicos especialmente graves y severos en el estado de ánimo y la autoestima de muchas de las personas que padecen el trastorno, aparte de que no ayuda por ningún lado un detalle muy significativo que no debemos pasar, pues, por alto. Y es que el tartamudeo ha sido una anomalía enormemente estigmatizada, tanto que habitualmente se ha observado a los afectados como individuos carentes de inteligencia.

Expuestas estas realidades tan duras como incuestionables, es hora de afirmar taxativa y contundentemente que varios de los sentimientos más arraigados en las personas con tartamudez son la vergüenza, la frustración, la ansiedad y el miedo, efectos psicológicos particularmente sobrecogedores que a menudo llegan desembocar en depresión.

Cabe decir que el tartamudeo afecta e impacta en diversas actividades incluso de la vida diaria, aunque estas consecuencias y efectos adversos pueden ser dispares en función de cómo el individuo afectado se vea a sí mismo y según la intensidad de la tartamudez.

 
Así, mientras que para algunas personas con tartamudeo estos efectos en la vida diaria se dan, por ejemplo, a la hora de hablar ante un grupo de interlocutores o en el momento de hacer o recibir una llamada telefónica, también es verdad que para una mayoría superior de individuos los problemas asociados al trastorno pueden extenderse de una manera clara y preocupante en el trabajo, en casa o en la escuela. Entonces, es fácil y probable que eviten ciertas situaciones que, sin el tartamudeo, hubieran hecho. En este sentido, lo que pasa es que, por un lado, la persona siente miedo y ansiedad por si se atasca, y en segundo lugar, y no superficial ni menos importante, teme la reacción de sus interlocutores, que puede no ser precisamente favorable. Entonces, podemos decir en voz bien alta que muchos afectados son poco participativos en diversos ámbitos y actividades, por estos dos motivos básicos y fundamentales.

Además, hay casos, y que no justamente son pocos, sino que es una realidad bastante común y habitual, que muchas de estas personas intenten disimular sus dificultades en la expresión oral con conductas como no hablar cuando lo querrían hacer o cambiando el orden de las palabras o sustituyendo algunas durante las oraciones.

 
Se sabe a ciencia cierta, y cualquier testigo tartamudo os lo confirmaría, que la ansiedad incrementa la tartamudez en el individuo afectado, y que, a la vez, la tartamudez aumenta la ansiedad. Este es un círculo psicológico que podríamos definir de vicioso y del cual es complicado salir una vez se ha entrado.

Sin embargo, el grado de tartamudeo es mayoritariamente variable en función de la situación psicológica en que se encuentra el afectado, de la persona con quién hablan y del ambiente donde lo hagan. Además, suelen expresarse mucho más fluidos cuando hablan solos, sobre todo si están relajados. Estas, en esencia, son algunas de las singularidades que vinculan tartamudez y psicología. En resumen, pues: en episodios de calma, las personas con tartamudez son más rítmicas, y en casos de estrés, lo son poco. Estos datos diversos, en consecuencia, evidencian claramente que la tartamudez tiene un componente psicológico realmente potente e incuestionable.

Expuesto todo esto, pues, son también una realidad tan acertada como innegable las consecuencias emocionales del hecho de tartamudear. Y es que, en este orden de cosas, no sólo hay que apuntar la ansiedad, sino de una manera extremadamente habitual y extendida aparecen la rabia, la vergüenza, la frustración y el miedo, no sólo por el hecho de atascarse, sino igualmente en la reacción que tendrá el interlocutor, que no siempre ayuda ni es favorable.

En la práctica, esta serie de obstáculos emocionales que estoy desglosando a menudo se encuentran muy arraigados en los adultos con tartamudez. Por lo tanto, erradicar esta visión psicológica del trastorno puede convertirse, con frecuencia, en casi una proeza. Pensemos, pues, que un adulto ha convivido muchos años y quizás décadas con esta problemática psicológica, tanto que se convierte en una lucha constante o abierta, en una guerra emocional sin tregua, contra el trastorno del habla que sufre. El desgaste, entonces, y la sensación de lucha inútil, es altamente desalentador.

De todo ello, hay que decir que, a diferencia de lo que se creía tiempo atrás, que la tartamudez podía ser originada por problemas psicológicos, y esta era, en esencia, una de las teorías más extendidas que se habían divulgado como factor detonante y determinante, actualmente no se tiene ninguna duda de que el tartamudeo causa problemas psicológicos. Este detalle, o sea, los obstáculos emocionales que suele provocar, no ayudan precisamente a aflojar el grado y la intensidad y recurrencia del tartamudeo. Recordemos lo que os decía líneas atrás: que la tartamudez provoca ansiedad y la ansiedad provoca tartamudez, unas certezas del todo irrefutables.

Se puede decir claramente que la salud mental de muchas personas con tartamudez es débil y a veces enfermiza. Pero cuidado: con razón. No es una crítica, ni mucho menos.

 
Tartamudear, y más si es severamente, puede convertirse en una vivencia eterna muy dura y fuertemente sobrecogedora. Y es que perder el control de comunicarse hablando, un hecho tan común y cotidiano, puede desembocar en depresiones, y en algunos casos en intentos de suicidio, o directamente en suicidio. Como mínimo, puede conllevar lo que se denomina fobia social. O aún más: suicidio social, cuando la persona se aísla en medio de un estadio de desesperanza total y monumental.

 
Y es que, de una manera clara, evidente y altamente frecuente, han sido y son muchas las personas disfémicas que han tenido y tienen un autoconcepto negativo, en el que se sienten inferiores a las otras, valoran de pleno que el tartamudeo les rompe las posibilidades de progresar en varios ámbitos esenciales de la vida, cómo encontrar un buen trabajo, buscar pareja o hacer amigos o, directamente, se definen como mal hablantes, y teniendo en cuenta que la comunicación oral es absolutamente constante e imprescindible este detalle nada despreciable y, por tanto, trascendental, los puede convertir perfectamente en individuos solitarios. De aquí que, incidiendo más en los efectos adversos, no sólo tenemos que valorar la disfemia como un trastorno del habla sino, sobre todo, como un trastorno de comunicación.

Igualmente, se sabe a ciencia cierta que a ningún afectado o afectada le gusta tartamudear. La tartamudez es vista como una anomalía totalmente detestable y funesta, pero que se contempla, para el afectado, como imposible o casi imposible de eliminar. En el mejor de los casos, mejorar. Y poco más. De todos modos, el hecho de la complejidad de erradicarla puede incrementar aún más la sensación de ahogo y negrura que suele acompañar al individuo desde tiempos pretéritos. Y aquí, de nuevo, entra en juego la búsqueda de un psicólogo que amortigüe el impacto a veces fulminante.

Cabe decir que la tartamudez no es sólo un trastorno del habla y un problema, por tanto, de comunicación oral, sino que va mucho más allá debido a todos los efectos nocivos que os estoy comentando en la psicología de la persona que lo tiene.

 
Hay que comentar que muchas personas con tartamudez creen que, por el hecho de atascarse, están haciendo algo malo, que son malos hablantes y que están haciendo el ridículo. Lo que intentan, en la práctica, es tener un diálogo como lo haría otra persona, pero con la singularidad manifiesta e indisimulable que lo hacen con dificultades más o menos considerables. Entonces, tienen vergüenza a hablar, por lo que emocionalmente se tensionan más y, en consecuencia, la disfluencia aumenta, hasta el punto de evitar hablar en nuevas ocasiones. Esta rueda negativa, en la práctica, y de una manera clara y evidente, incrementa los efectos adversos de la disfluencia.