Tartamudez y lecciones de vida

El miércoles 24 de agosto se jugó en el Camp Nou un partido amistoso, a la vez que entrañable, entre el Barça y el Manchester City. Tenía una causa benéfica incuestionable. Y es que su función era recaudar el máximo número de euros de cara a la investigación de una enfermedad neurodegenerativa, y que es terminal, que rompe un minúsculo porcentaje de población, pero que, en definitiva, no tiene cura.

La esclerosis lateral amiotrófica, es decir, la ELA, se hizo internacionalmente conocida cuando la sufrió el eminente físico Stephen Hawking. Ahora, sin embargo, hay una nueva voz autorizada que divulga abiertamente esta enfermedad, el exportero y exsegundo entrenador del Barça, Juan Carlos Unzué, de 55 años, y es él quien posibilitó que el encuentro se hiciera realidad.

Escuchar a Unzué, aunque sabe bien que se está muriendo, es impresionante, nos clava en la silla y vierte, siempre, en cada aparición en los medios de comunicación, una enorme sonrisa que es una auténtica lección de vida y positividad.

Expuesto esto, es interesante trasladarlo a lo que realmente nos ocupa en este blog, o sea, el mundo de la tartamudez y las personas que estamos afectadas. Por tanto, podemos formularnos algunas preguntas significativas. La primera: con tartamudeo, ¿se puede ser positivo? La segunda: con tartamudeo, ¿llevar una sonrisa permanente es factible? Y la tercera: ¿las personas que afrontamos la tartamudez damos lecciones de vida?.

Es una evidencia, por todo lo que personalmente he transitado y las numerosas conversaciones que he mantenido con compañeros y compañeras disfluentes, que exteriorizar positividad no es lo habitual; de hecho, es relativamente poco común. Así, estar tocado de disfemia a menudo ennegrece las emociones, y este detalle también sirve de respuesta de la segunda cuestión. No conozco a nadie, en este sentido, que se esté atascando, o después de hacerlo con intensidad, y que se muestre alegre.

Ahora bien, sí creo, firme y honestamente, que un número elevado de afectados y afectadas por la disfluencia damos lecciones de vida, y en este contexto sobresalen una fuerza de voluntad notoria y unas ganas de salir adelante indiscutibles, y ésta circunstancia es más visible y frecuente en aquellos y aquellas que llevamos la inestabilidad oral sin dramatismos, pero sí con algunos nubarrones intermitentes.

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