Hablar a menudo nos cuesta esfuerzo y sudor

Una persona con tartamudez es habitual, aunque con frecuencia dependerá de cada uno, sobre todo del tipo de tartamudeo y de la intensidad que éste tenga en la gente afectada, que a la hora de ir a emitir unas palabras, y más aún, cuando ya las está emitiendo, haga unos esfuerzos considerables. Y no me refiero a los esfuerzos por intentar esconder el chaparrón disfluente, y esto es un detalle muy significativo a añadir, sino a que la tensión nerviosa y muscular, con una periodicidad absoluta, se vuelve intensa e incluso vigorosa.

Este mes de julio, una porción de los socios y socias de ATCAT, la Associació de la Tartamudesa de Catalunya (Asociación de la Tartamudez de Cataluña), hicimos en Barcelona la clausura de la temporada, es decir, la despedida previa a las vacaciones de verano, que nos conducirán a nuevos encuentros a partir de septiembre.

Afirmado esto, presté una atención especial, en el restaurante, de cómo se atascaban los compañeros de mi cercanía más inmediata a la hora de pedir los platos. Y un socio, justamente, me impactó. Cómo le costó transmitir esa frase. Pasado el temporal disfluyente pasajero, el chico tenía la cara emocionalmente rota.

De todas formas, lo que me ha llevado a escribir este texto es mi propia disfemia, pero en otro restaurante y en compañía de mi familia. Así, el domingo 17 de julio celebrábamos el cumpleaños de mi formidable hermana y el santo de mi madre genial. Éramos seis, y sí, reconozco que tenía un habla espesa.

En medio de las apariciones intermitentes de la disfluencia, y en concreto en uno de esos episodios disfémicos, mis padres, que los tenía delante, se daban cuenta. Y enseguida, escuché cómo mi madre le afirmaba a mi padre maravilloso, la siguiente frase: «Quin esforç que està fent» (“Qué esfuerzo que está haciendo”, en español). En voz baja, aunque lo oí. Y el esfuerzo lo estaba haciendo yo, en efecto, articulando oraciones. Cuánta razón tenía mi madre.

Por otro lado, y considerando que este verano, no sólo en Cataluña, sino también en otros muchos lugares, es especialmente cálido, de los más calurosos de la historia, hay otra circunstancia que no es muy agradable. Y es que hablando, incremento la cantidad de sudor, y esta situación es palpable sobre todo por teléfono, que se suma a la que nos provoca, en sí, el calor atípico. Y creo firmemente que esta vivencia es extensible a un buen número de personas más con tartamudeo.

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