Intentando hablar, nos podemos hacer una contractura en el cuello

Es importante constatar e incluso remarcar que existen diferentes tipos de tartamudez, y en este contexto puedo aventurarme a comentar que, tal vez, tantas como personas afectadas por la disfluencia.

Afirmado esto con firmeza, mi dilatada experiencia en tratar con toda una serie de buena gente tocada de disfemia, me permite exteriorizar que mientras unas personas repiten sílabas y/o palabras, otras –entre las que me incluyo- tendemos más a realizar gesticulaciones, tics y espasmos diversos.

En cuanto a este segundo gran bloque, es interesante manifestar que, en medio de esta riada intermitente o más o menos constante, en función de la intensidad de la disfluencia y de la semejanza que pueda tener, en determinados rasgos, con el síndrome de Tourette, de gesticulaciones, tics y espasmos diversos existe el riesgo, haciendo una serie de movimientos repentinos de la cara y el cuello, que lleguemos a contracturar algún músculo, en concreto del cuello.

En este orden de cosas, han sido numerosas las veces que, de forma más vigorosa, hemos notado una sacudida aguda y relevante que ha desembocado en unas molestias de carácter transitorio. Pero en el supuesto de que la sacudida, intentando articular una frase, sea muy sonada y abrupta es cuando nos podemos contracturar.

En la práctica, lo explico porque es habitual que yo mismo transite por estos movimientos repentinos de cuello que provocan molestias. Sin embargo, por otra parte, lo digo porque una exsocia muy destacada de ATCAT (Associació de la Tartamudesa de Catalunya) nos informó, hace tiempo, que, en efecto, se había contracturado. Imaginad: si ya es suficientemente cabreador atascarse y, en consecuencia, hay que tener mucha fuerza de voluntad para que esta circunstancia no nos debilite las emociones, además debemos vigilar no lesionarnos durante una conversación. ¡Tiene narices, la cosa!.

Sea como sea, quisiera cerrar con un mensaje optimista. Y es que con un habla lenta y pausada y soltada en un tono de voz nada llamativo, es bastante menos probable que aparezca este cúmulo de gesticulaciones, tics y espasmos diversos, siendo, por tanto, un ejemplo considerable más a añadir a la importancia de no correr en el transcurso de nuestras oraciones.

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