Que es mejor para aumentar la fluidez: ¿técnicas especializadas o centrarse en las aficiones?

Desde la excepcional presidencia de ATCAT (Associació de la Tartamudesa de Catalunya / Asociación de la Tartamudez de Cataluña) y, con ella, desde el conjunto de una junta que hay que aplaudir, de forma periódica se llevan adelante iniciativas de gran valor que tienen el objetivo tan estimulante de mejorar la fluidez de las personas que somos socias o no.

En este sentido, tanto se han hecho, por un lado, técnicas de oratoria, como, de otro, poner al alcance de quien lo requiera el llamado método Ordóñez, que, con paciencia, suele dar unos resultados favorables. También ha habido encuentros virtuales durante el último año y medio de pandemia. Además se han realizado sesiones de relajación. Y aunque más lejanas en el tiempo, prácticas de habla lenta, que, como sabemos, nos ayudan a ser más rítmicos. A ciencia cierta, tan sólo en esta última he tenido una participación activa y sostenida.

El pasado agosto, en un encuentro casual por la calle con uno de los socios más destacados de ATCAT, y que fue vicepresidente, me reconoció muy contento que, gracias al método Ordóñez, el tartamudeo le había bajado bastante. En ese orden de cosas, me lo recomendó vivamente. Y no es el primer socio que me lo comunica.

Como he constatado en otras entradas en el blog que estáis degustando, las técnicas aprendidas en el habla lenta han colaborado a una disfluencia, la mía, a veces más moderada. Ahora bien, a corto plazo no creo que me anime con decisión a apuntarme a más iniciativas como las comentadas. Y dicho esto, ¿es un error? ¿O bien centrarme, a modo de terapia, en mis sólidas e incontestables aficiones, por no decir pasiones, es más adecuado? ¿O sería preferible una combinación? Porque, estrictamente, disfrutar con entusiasmo de las aficiones y/o pasiones es una herramienta importantísima para amortiguar el impacto no sólo de la tartamudez, sino, igualmente, claro, de todo aquello que nos preocupe más allá de encallarnos. Y lo remarcaría mil veces.

Por ejemplo, en cuanto a la asamblea anual de ATCAT, a la que asistí en octubre, el rato previo, antes de ir hacia el lugar del encuentro, estaba poco fluido. ¿Y cómo lo solucioné? Pues me llevé al metro la cámara fotográfica con la que hago un montón de vídeos de meteorología y aviación, y en el vagón estando saboreé un par de las filmaciones del aeropuerto de Barcelona que conservo precisamente para casos como éste. Y la disfluencia se arregló, entrando en el punto de la reunión con un habla ya subida. Y es que es indudable, en consecuencia, que cada uno debe tener, casi por obligación, sus terapias para debilitar el tartamudeo o lo que inquiete, y las aficiones, por tanto, son una parte fundamental de nuestro bienestar emocional.

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