Un diagnóstico de cáncer y la afectación en las emociones y el habla

Una de mis mejores amigas -que me ha pedido que, aquí en el blog, no mencione el nombre- está gravemente enferma. En efecto, desde el 2019 tenemos una amistad considerable, hasta el punto que nos vemos a menudo. Pero un batacazo feroz de la vida le está asolando. Y es que después de llevar como buenamente ha podido, los últimos años, un cáncer de pecho, ahora se ha extendido por los huesos. En este sentido, la urgencia de iniciar la quimioterapia, con caída del cabello incluida, es lo que -esperemos- le evitará morir en tan sólo cuatro meses.

La noticia es devastadora, y me la comunicó cara a cara, este mismo mes de septiembre, nada más salir del espantoso diagnóstico. Y en este orden de cosas, la gestión de las emociones y la repercusión en el habla fueron, durante la conversación, tareas complejas. ¿Y qué pretendo exponer con estos detalles? Pues que las personas tocadas de tartamudeo es probable que padecemos una inestabilidad en la emisión de las palabras cuando afrontamos embates tan penosos.

Mi amiga, que desde el primer día me ha tratado con una delicadeza total, como en la práctica tanta gente honesta hace -a diferencia de cuatro energúmenos, como el episodio de hace pocas jornadas cuando una individua se rió de mí- me ha hecho percibir, de nuevo, la dureza de nuestras existencias, que se mezclan, claro, con situaciones mucho más óptimas.

Pero no sólo el anuncio de enfermedades impactantes que afecten a personas de nuestro alrededor nos puede provocar torrentes de palabras tartamudas. Así, asumir la noticia, por ejemplo, de un accidente -yo digo siniestros, no accidentes- de alguien muy conocido, también, aunque sea momentáneamente, nos puede diezmar el habla.

En una de mis llegadas a la tienda de mi hermana, la semana pasada, y sin entrar, Judit me hizo saber, en seguida, el atropello por culpa de un bestia en patinete eléctrico -en un paso de cebra y con el semáforo verde para los peatones- de un muy buen amigo de siempre de nuestra madre. Desde entonces, este señor está crítico -en coma- y la noticia apareció en numerosos medios de comunicación en Cataluña. ¿Y qué sucedió? Otra vez, en mi posterior reacción, inestabilidad oral. En consecuencia, parece una evidencia que recibir novedades desalentadoras nos incrementa la intensidad de la tartamudez.

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