Los ídolos, personajes necesarios para amortiguar las preocupaciones

Somos una auténtica montaña de millones de personas que tenemos ídolos, es decir, gente a la que admiramos, con quien si es necesario nos quitamos el sombrero, a quien aplaudimos mil veces y, sobre todo, que nos provocan unas emociones acomodadas y reconfortantes de alto vuelo que nos agrandan la salud mental. Dicho de otro modo: personajes que nos ayudan a vivir.

Sirve igual si es un famoso televisivo, un cantante reputado, un actor de primera o un deportista excepcional, y esto vale, claro, tanto para ídolos masculinos o femeninos. Y es muy probable, en este sentido, que los futbolistas sean los más protagonistas.

En este contexto, aparece un figura clave, mayúscula y perdurable, el argentino Leo Messi, un mago con el balón en los pies que nos ha brindado un universo inagotable de goles para la eternidad. Y Messi ha sido, precisamente, para mí, desde hace bastantes años, una referencia gigantesca.

No oculto que tantas veces lo he mencionado como psicólogo, como mi terapeuta, un chico que, en definitiva, me sosiega y que colaboraba enérgicamente en unas vibraciones, las mías, más serenas. Porque, en suma, considero de pleno que aquellos y aquellas que el habla nos hace malas pasadas, debemos disponer de alguien a quien seguir con entusiasmo, de alguien a quien depositar un trozo de nuestra confianza emocional.

Leo Messi ha abandonado el Barça, y la afición nos sentimos huérfanos. A título individual, sin ir más lejos, le echaré mucho de menos. Pero seguiré deseando que acumule goles y sume más trofeos, aunque, es verdad, las sensaciones ya no serán las mismas.

Tampoco oculto que el crack argentino ha sido uno de mis pilares fundamentales para amortiguar el impacto de las adversidades diversas, entre las que hay un tartamudeo que a menudo me descoloca, atendiendo a su variabilidad, y que me acompaña arriba y abajo. Y es que disfrutar de sus partidos era una terapia compacta y preferente.

En consecuencia, vista la experiencia propia, y que tantos excelentes resultados me ha dado, afirmo vivamente que tener ídolos es un ejercicio sano, porque mientras los disfrutamos en directo dejamos de banda durante un rato o unas horas las realidades que nos preocupan.

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