La gente nerviosa y que habla rápido, ¿nos incomoda?

La aguda aceleración de la sociedad moderna, sobre todo palpable antes del estallido de la desgraciada pandemia que nos tiene afligidos, y que tantas veces daba la sensación de que las cosas tenían que ser al momento, sin esperas posibles y que no se podía abarcar todo lo que se quería, ha provocado que estos ritmos de vida tan rápidos generalizados saltaran a la hora de la comunicación oral, es decir, en el instante de hablar.

Expuesto este primer párrafo, es verdad que he podido constatar miles de veces el número tan elevado de gente que se expresa a toda prisa, sin freno. Ahora bien, aquellos y aquellas que a menudo tenemos dificultades en la emisión de las palabras debemos transitar, por fuerza, en el supuesto que pretendamos ser más fluidos -que es, como es natural, lo que anhelamos-, por una circulación verbal más pausada, y si puede ser, con un tono relativamente bajo. En la práctica, esta realidad -y me apetece remarcarlo tiempo después- es lo que en ATCAT (Associació de la Tartamudesa de Catalunya) nos han enseñado gracias a numerosos ejercicios exitosos.

En consecuencia, puedo decir bien alto que la gente nerviosa, y en especial, que habla rápido, como una metralleta, me incomoda, e incluso no me gusta e intento evitar. Y creo que estas sensaciones, son aplicables a buena parte del col.lectivo disfluente.

En este contexto, he decidido contarlo porque, precisamente, la semana pasada me topé con una señora que rodeaba los sesenta, comprando en el mismo lugar que yo, y que tenía un ritmo verbal que en pocas ocasiones he percibido. Y me agobió muchísimo. Vertía un temporal desatado e imparable de frases unas detrás de otras, a una velocidad insólita. De hecho, es habitual -y lo insisto- comprobar un montón de gente comunicándose de manera oral a toda pastilla, pero como esta mujer, no es tan frecuente.

Imaginad el nervio que llevaba encima, que se me coló, aunque reaccionando le llamé la atención, y ahí empezó el festival, y esta anécdota sucedió en un establecimiento del centro de Badalona que visito de manera recurrente y donde venden una comida tan exquisita como deliciosa, y donde el trato humano hacia la clientela, es formidable. Me refiero a Ca la Mercè.

Detallado todo ello, considero de lleno, pues, atendiendo a las técnicas aprendidas en ATCAT, que las personas carentes de fluidez tenemos que mantener la calma, no correr y no caer en la trampa de la riada aceleradora de tanta gente. Porque, en sentido estricto, en el habla lenta radica un trozo perceptible de conseguir convertirnos en unos oradores más notables. Así, cuando alguien se nos dirige a toda castaña, respiremos hondo y respondamos despacio. El premio es una mayor fluidez.

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