¿Se puede llegar a descartar una posible pareja porque tiene un nombre difícil de decir?

Una de las particularidades comunes más manifiestas entre el colectivo de personas que no nos expresamos con la fluidez que quisiéramos es que -y lo remarcaría las veces que fuera necesario- hay letras y palabras que nos cuestan mucho más de pronunciar que otras. En este sentido, por ejemplo, la clave de ello la encontramos en la letra inicial de lo que pretendemos articular en voz alta.

Es interesante comentar que las diferencias entre todos aquellos y aquellas que estamos afectados de tartamudeo pueden ser, en relación las letras y palabras, bien notables. Así, mientras que puede haber personas con tartamudez que tengamos unas dificultades, en este contexto, específicas, las hay que se inquietan e incluso se atascan con otras letras y palabras.

Expuesta esta valoración, que es bastante relevante, me apetece incidir en una cuestión que no es por ninguna parte superficial, que no se trata de ninguna tontería y que, en consecuencia, en los casos en que se presenta es capaz de provocar un sufrimiento más que considerable en quien se ve involucrado.

Dicho esto, formulo un pequeño conglomerado de preguntas notorias. ¿Es posible llegar a descartar una posible pareja porque él o ella tiene un nombre que nos cuesta decir? Realmente, ¿esta situación ha sucedido muchas veces entre las personas con tartamudez? Y otra: ¿son casos sólo extremos? Y la última: ¿una vivencia como ésta puede dejar una herida profunda en la autoestima?.

En la anterior entrada en el blog que estáis leyendo, os informaba de una enfermera de uno de los centros médicos de mi ciudad que literalmente me tiene cautivado, tanto que la menciono, a quien he hablado de ella, como mi enamorada. De todas formas, tengo claro que no voy a intentar ninguna aproximación. La veo por la calle, me fascina y la tengo presente a menudo. Y aquí me quedo.

Ahora bien, he descubierto su nombre. De hecho, mi madre le preguntó hace pocos días, mientras la atendía en el centro médico. Y si, ciertamente, me hubiera puesto la meta de seducirla habría tenido un problema serio, y lo enlazo con lo que os contaba al principio de este texto. Y es que se llama Tania, justamente uno de los dos nombres de chica que más enrevesados ​​se me hacen de articular.

Considerando todo esto, las últimas jornadas he pensado, por lo tanto, las preguntas que apuntaba párrafos atrás. Y sí, estoy convencido de que ha habido afectados y afectadas de tartamudeo que han dejado escapar quien les gustaba, y que tal vez no sólo han sido casos extremos, y que, claro, una vivencia como ésta vierte la persona a un desencanto agudo. Sin embargo, nunca lo he
conversado con los compañeros y compañeras con tartamudez con quien he tenido o tengo vínculo. Sea como sea, sin embargo, una realidad es clara e incontestable: para alguien con tartamudez, descartar lo que haría ilusión realizar, fuera lo que fuera, por el miedo a atascarse, es una de las experiencias de más mal llevar.

Etiquetas del post
, ,
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.