A las personas con tartamudez nos enfada que nos digan que somos nerviosas

Empiezo de una manera clara y directa. Una de las cosas que más nos molesta, e incluso nos irrita, a todos aquellos y aquellas que tenemos ciertas dificultades en la expresión oral, es que nos digan que estamos nerviosos o que somos nerviosos. Asimismo, en suma. No nos hace ninguna gracia.

En la práctica, que, en más o menos ocasiones, las frases emerjan poco rítmicas hemos de buscar la responsabilidad incuestionable en la tartamudez que nos afecta. No que seamos nerviosos, aunque estarlo puede implicar un empeoramiento en la calidad del habla. Pero no -insisto- que seamos personas nerviosas.

En este contexto, los últimos tiempos han sido dos los médicos que me han comentado que soy una persona nerviosa. Y voy más allá: como os expliqué meses atrás, en octubre, en el momento de mi ingreso hospitalario debido a la neumonía provocada por el coronavirus -que no me ha dejado secuelas-, el doctor de urgencias señaló que yo tenía un tic. Ahora bien, me quiero centrar en el caso de hace unos días, cuando el digestólogo afirmó que yo era nervioso. Pues no. Iba del todo errado el buen hombre.

En efecto, en el centro médico NAME de Badalona, ​​mi ciudad, me visitó por un pequeño tropiezo en el estómago. La visita transcurría con normalidad, hasta que, como he puesto de manifiesto, el doctor anunció que soy nervioso, instante que cambió el curso del encuentro.

Me enojó, aunque pude disimularlo. Le estuve a punto de notificar que no soy nervioso, sino que “simplemente” numerosas veces no hablo con fluidez, aunque durante el diálogo me tropezé poco, pero lo suficiente como para darse cuenta, él, que algo fallaba.

Me planteé, indignado, levantarme e irme, detalle que desestimé enseguida. No quería causar una mala imagen, por como un número considerable de gente me tiene por alguien moderado y educado. En ese escenario, tampoco pretendía que el médico hubiera chivado el incidente a las enfermeras del centro médico, ya que una de ellas, como apunté aquí en el blog hace un año aproximadamente, me tiene seducido y embobado, sin que ella lo sepa, con una determinación absoluta, robusta y categórica, tanto que a mi familia, o cuando la recuerdo a menudo, la defino como mi enamorada.

Ahora bien, expuesto todo esto es interesante formular una pregunta remarcable. ¿Hay que decir, pues, que tenemos tartamudez cuando el interlocutor nos indique que somos nerviosos y, en consecuencia, no perciba con acierto el por qué de nuestra inestabilidad oral?.

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