La importancia de corregir la tartamudez infantil

Está ampliamente comprobado que el tartamudeo aparece, en una gran mayoría de los casos, entre los dos y los cuatro años, es decir, en una etapa crucial del desarrollo del lenguaje. De hecho, la disfluencia puede lastimar este periodo capital, e incluso provocar una inquietud aguda en los padres de las criaturas tocadas por el habla rota.

Un niño o niña que se atasque en sus oraciones està del todo a tiempo a corregir su disfemia, a diferencia de lo que ocurre en un número grandioso de adultos. Así, en cuanto notemos que la criatura tiene dificultades verbales, es esencial buscar la opinión cualificada de un logopeda o una logopeda -la mayoría son mujeres- que haga un diagnóstico lo más preciso posible. Y naturalmente, si la logopeda tiene experiencia en trabajar con otros niños tartamudos es un valor añadido trascendental. Porque, en suma, y ​​lo insisto, el tartamudeo infantil se puede eliminar.

En los preámbulos cronológicos de la erradicación de la tartamudez en un niño o niña cualquiera, hay dos escenarios que es conveniente contemplar. En primer lugar, que es muy probable que el tartamudeo, en el ámbito familiar, se convierta en un tema que se intente ocultar, o sea, que el detalle sustancial que la criatura está en manos de una profesional tan sólo tenga conocimiento el núcleo duro de la familia. En segundo término, y a pesar de una edad reducida, existe el riesgo de que, en la escuela, el niño ya sea la diana de las burlas, circunstancia que empeora su condición
disfluente.

Justamente, eso es lo que le sucede a la hija de seis años de una excelente amiga mía, Montse, clienta de suma confianza de la tienda de mi hermana. La niña, por lo tanto, ya es objetivo de imitaciones.

Me comprometí de corazón con mi amiga a ayudarlas a ella y su hija con todo lo que pudiera, pero siendo conscientes de que, con seis años, es altamente factible que su tartamudeo se cure, aunque habrá que ser constantes en las terapias hasta observar una mejora clara y evidente, que a mí, hoy por hoy, algunos días me cuesta ver.

Por todo ello, y a modo de conclusión, y más allá de un comentario tan significativo como es que ningún niño o niña merece ser tartamudo, en el supuesto de que lo sea es adecuado saber, dicho y hecho, que no se pueden demorar los tratamientos a realizar, para, en sentido estricto, evitar, de una manera bastante mayoritaria, que llegue a adulto o adulta en medio de un océano de habla arrítmica de medidas astronómicas.

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