El miedo al Covid-19, ¿puede agravar la tartamudez?

Pasan los meses y seguimos, como sociedad, inmersos y del todo clavados en una época histórica, dominada por la incertidumbre e incluso el miedo. En este sentido, es una evidencia de que no podemos estar contentos, ni felices, preocupados como estamos por nuestra salud y la de nuestros seres queridos.

Las personas disfluentes, que justamente hoy, jueves 22 de octubre, conmemoramos el Día Internacional para el Conocimiento de la Tartamudez, tenemos bastantes posibilidades de sufrir un incremento en la intensidad de nuestro tartamudeo, precisamente debido a esta aguda preocupación mencionada, que nos ataca el punto débil. Y cuando nos toca el Covid muy de cerca, este agravamiento de la disfemia se puede reforzar más.

Acabo de pasar cinco días ingresado en el centro médico Teknon de Barcelona, ​​por culpa, en consecuencia, del Covid-19. Desde anoche, ya estoy en mi piso, y tendré que hacer reposo y tener una vida tranquila al menos dos semanas. Me han tratado muy bien, y son unos profesionales y unas profesionales excelentes. Las conclusiones de la doctora que me ha llevado es que pasé el coronavirus hace dos o tres semanas, y yo casi ni me di cuenta.
Pero viendo que tengo unos anticuerpos muy nuevos, de poco más de quince días, las complicaciones llegaron después, y en este contexto el Covid me tocó los pulmones, donde me provocó una infección y una neumonía, con unas fiebres sostenidas monumentales. Fui a urgencias el sábado y se me quedaron. Afortunadamente, estoy mucho mejor. La doctora afirmó que soy un caso un poco atípico, o sea, que pasé el Covid bastante bien, y los problemas serios llegaron más tarde.

El primer día en la Teknon fue un caos grandioso, emocional y desde el punto de vista del habla. La inquietud y la angustia me aumentó el nivel del tartamudeo. Incluso, el doctor de urgencias me preguntó si tenía alguna enfermedad, dije que no, pero respondió que tengo un tic. Le tuve que decir, contrariado, que tengo tartamudez. Y hubo otras incidencias orales, en aquella primera jornada, con otros profesionales del lugar. Hasta que a partir del día siguiente me fui calmando y el habla mejoró de manera sustancial. Y ya en mi piso, aunque vivo solo, pero hablando por teléfono, ya me noto con un tartamudeo muy moderado.

De la experiencia, por lo tanto, he sacado algunas conclusiones significativas. Por ejemplo, el hecho de remarcar que, en efecto, el miedo al Covid-19 puede provocar perfectamente un repunte del tartamudeo en las personas con el trastorno; también, que un ingreso hospitalario, sea imprevisto o no, es muy posible que incremente este tartamudeo en numerosos afectados y afectadas; e igualmente, a la vez, que si el ingreso se alarga es muy factible, viendo la profesionalidad de los sanitarios, que me he quitado el sombrero con ellos y ellas, que nos vuelva la calma oral. Ahora bien, pasar cinco días en un hospital, y que primero estuve en la planta Covid y después ya no, pero seguía aislado por precaución, es una vivencia que no ayuda, precisamente, a tener un habla radiante. Lo importante, en cualquier caso, es que una vez en casa, y con el apoyo enorme de la familia, la paz siempre se acaba imponiendo.

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