Iniciar el día tartamudeando es desmoralizador

Un afectado o afectada de tartamudeo puede tener dificultades en la expresión oral en cualquier momento y en cualquier vivencia, aunque siempre hay unas situaciones determinadas en las que la posibilidad de trabarse se incrementa.

Siendo del todo conscientes de que ninguna persona con tartamudez encuentra estimulante su habla a veces o a menudo desencajada, hay un instante del día que es delicado y que puede diezmar la calidad de la emisión de las palabras de las horas posteriores.

En este orden de cosas, de manera habitual es clave la primera frase que dejamos ir. Es decir, que comenzar la mañana falto de ritmo y fluidez es fácil que marque el resto de la jornada. Y aún más: iniciar el día tartamudeando es, para un número ingente de personas con disfemia, desalentador, desmoralizador e incluso aplastante en los objetivos que nos esperan las horas que vendrán.

Justamente, hoy os cuento todo esto porque la semana pasada he vuelto a tener una vivencia totalmente ligada a esta realidad compleja. Así, y considerando que vivo solo y que no había conversado con nadie, cuando salí del piso donde habito a media mañana, sentí una vecina por la escalera. Y entonces pensé: veamos cómo irán las primeras palabras que articule.

Con cierta inseguridad, bajé las escaleras. En la planta de abajo abría la puerta de su casa una señora de edad relativamente avanzada. De hecho, podía haber pasado de largo y no decir nada. Pero quise ser cordial. Y bueno, quedé trabado. Me costó pronunciar aquel buenos días, que la mascarilla anticoronavirus, por cierto, me tapó las muecas que hice intentando ser amable. Ya lo dijo bien claro mi admirado escritor Jordi Sierra i Fabra: “los tartamudos hacemos un montón de muecas”.

La mujer, con la llave en mano, no percibió mi actuación. Sin embargo, me dolió iniciar el jueves con esta espesor verbal. En consecuencia, quedé un poco tocado. Ahora bien, desde el punto de vista psicológico en un rato lo tenía superado. ¡Pero el habla un poco estropeada me duró cuatro días! ¿Qué pretendo remarcar, pues, con esta exclamación?.

En efecto, que trastoca bastante más tartamudear al principio del día, por la inercia que puede conllevar, que al final. En este contexto, por lo tanto, si tenemos una tarde o un anochecer con dificultades notables, durante el sueño es probable que nos reavivamos y empezemos la nueva jornada con un habla más florida. Porque, en suma, es altamente molesto -sí, sí, fastidia, y bastante- que las primeras frases que pronunciamos no sean rítmicas.

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1 Comentario

  • Simpatizo mucho con este articulo. Es muy cierto, precisamente ayer tuve una llamada telefonica muy temprano en la mañana y ha salido horrible. Me afecto durante todo el dia, pero luego volvi a encontrar mi luz, siempre se encuentra.
    Aprovecho de decir, muchas gracias por el blog, me siento comprendida.

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