Unas ideas para tartamudear menos en tiempos de pandemia

Es una realidad incuestionable que este 2020 nos ha tocado vivir una época histórica, que seguro recordaremos toda la vida y que cuando seamos mayores explicaremos la experiencia.

Es probable que determinadas personas con tartamudeo, desde que estalló vigorosamente la pandemia, se atasquen más en la emisión de las palabras debido al desasosiego, desde diferentes puntos de vista, que les provoca esta época inédita e incierta.

Tras unas primeras semanas, los meses de marzo y abril, en que mi habla se deterioró un poco, desde mayo he recuperado la normalidad. Ahora bien, en diversas circunstancias relacionadas con el tartamudeo he cambiado la manera de actuar. Os lo cuento y expongo las conclusiones por si os puede servir.

Es indudable que con la mascarilla anticoronavirus, hay ocasiones –como incluso les passa a las persones fluidas- que las conversaciones con nuestros interlocutores sean menos rítmicas, o sea, que alguna vez nos cueste entendernos, simplemente porque la mascarilla obstruye que nos escuchemos la mar de bien.

En este sentido, si no us gusta –como es mi caso- que os asalten por la calle preguntando esto o aquello, ahora tenemos una excusa para sacarnos la persona de encima. Y lo digo porque te enganchan por sorpresa y se te aproximan mucho para hacerte la pregunta. Así, podeis íros dando la sensación que no os queréis infectar. Y podeis ser gente educada, pero hacer estas actuaciones. No os sentáis mal. Ayer, sin ir más lejos, en la Estación de Sants de Barcelona -la principal de la ciudad- lo puse en práctica, y más con la contaminación acústica que había en los andenes. No me hubiera aclarido.

Aparte, es cierto que hay numerosos afectados y afectadas de tartamudeo que evitan coger el ascensor para no hablar con un vecino. En los tiempos actuales, en que las autoridades sanitarias nos piden distancia de un metro y medio como mínimo, ya tenéis la excusa perfecta para no subir o bajar en el ascensor con alguien sin parecer maleducados. Y más cosas: considerando -insisto- que vamos con la mascarilla pegada a la cara, si un día no saludamos oralmente aquel conocido o conocida tampoco debemos sentirnos mal. Le hacemos un gesto de complacencia con la mano y nos podemos sentir satisfechos. No nos lo tendrá en cuenta.

Justamente, es muy nuevo el hecho de que, cuando me preguntan, haya veces que me hago el asustado y el no querer ser
infectado por no contestar -sin embargo se me valora como un adulto educado-, pero es que hace pocos días parecí directamente un estúpido.

Así, me estaba esperando para realizar un vídeo en el aeropuerto de Barcelona -como tantas veces hago-, y por la carretera que lleva a la playa de El Prat -el municipio que alberga el aeropuerto- se detuvo un coche preguntándome no se qué. ¡Pues lo llevaban claro si querían que les respondiera! En medio, había otro carril de circulación, una valla, el carril bici y el camino asfaltado de peatones. El coche estaba de diez a quince metros de mí. Debían alucinar aquellos. ¿Pero sabéis qué? Pensad que nunca más veremos esta gente que nos asalta por sorpresa. Y lo repito: no os sepa mal. Y sí, el coronavirus ha cambiado el mundo, pero me he permitido divulgar, en las líneas precedentes, algunos trucos para tartamudear menos en tiempos de pandemia.

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