Un ejemplo claro de la estigmatización de la tartamudez

En las frases que estáis empezando a leer os daréis cuenta de que, hoy, vuelvo a relacionar la tartamudez y el fútbol. Pero no, en esta ocasión no me centraré de nuevo en los futbolistas tartamudos. Os comentaré un hecho de finales del siglo pasado que recuerdo con una claridad meridiana y que he sido incapaz de borrar de mi memoria. Y disculpad si el deporte rey no os entusiasma.

Justamente, estoy publicando estas líneas unas horas antes de la disputa, en la Liga, del derbi barcelonés entre el Barça y el Español, el segundo equipo de la ciudad, que, en función del resultado de esta noche, puede condenar el conjunto españolista a Segunda división.

El máximo ídolo que han tenido los seguidores del Español ha sido Raúl Tamudo, el mejor jugador de la historia del club, que dio muchas alegrías a la afición entre finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Y en efecto, ya lo habéis comprobado. De primer apellido, se llamaba Tamudo, y en este sentido, puede haceros pensar, de manera evidente, en tartamudo.

Así, cuando el jugador cada vez destacaba más en los campos de fútbol, ​​y en los medios de comunicación ya se hablaba bastante de él, se produjo una situación que quisiera haceros saber, considerando que representaba un ejemplo claro y manifiesto de estigmatización, que desde tiempos inmemoriales ha provocado el tartamudeo.

En un programa de fútbol televisivo de aquella época, uno de los tertulianos dijo Raúl Tamudo. Pues bien, otro de los comentaristas dijo, enérgicamente, lo siguiente: “Tamudo, uy, uy!”. Al instante, pensé que al periodista y humorista Sergi Mas le venía a la cabeza el trastorno de comunicación, y su tipo de reacción y palabras eran, en este contexto, explícitas. No tuve ninguna duda. Pero una cosa es incuestionable: Sergi Mas, en múltiples apariciones en televisión, nos ha hecho reír una auténtica montaña de veces como imitador. Y es que nos hizo pasar numerosos ratos excelentes y esto, para todos, es lo que nos queda, y con razón, por encima de esta -podríamos decir- anécdota, pero que me tomé como una demostración más a añadir de la estigmatización del tartamudeo. Y para concluir, me aventuro a decir que es probable que, en la actualidad, una reacción verbal como la que he apuntado sería más difícil de vivir.

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