«Tabúes», un programa de la televisión pública catalana estimulante y necesario

Esta primavera, TV3, la televisión pública de Cataluña, nos está degustando, una vez más, con un programa atractivo y estimulante, y que, en la práctica, es una novedad televisiva altamente necesaria. En efecto, «Tabúes» se ha consolidado de manera firme con unas audiencias magníficas, que celebro.

    TV3 emite «Tabúes» los miércoles por la noche, con unos protagonistas que forman parte de colectivos vulnerables, invisibilizados, a menudo estigmatizados y a los que es del todo conveniente darles la palabra.

En este contexto, la última emisión se centró en los trastornos mentales. Fue, en esencia, un programa duro, impactante y con unos testigos valientes que no ocultaban sus inquietudes, su sufrimiento, pero también una lucha constante y decidida para salir adelante en esta sociedad tantas veces cruel e injusta.

    Tengo que decir que, con la primera emisión, que estuvo dedicada a las personas invidentes, ha sido el programa que más me ha atrapado, que más me ha dejado clavado en la silla mientras cenaba y que más me ha removido las emociones.

«Tabúes» está presentado por el conocido actor catalán David Verdaguer. De hecho, la sintonía que exteriorizan las cuatro o cinco personas -en función del programa- que se sinceran con él ante las cámaras es, en todo instante, digna y absoluta. Pero también, «Tabúes», además de constatar la convivencia durante unos días floridos entre los representantes de los colectivos frágiles y el presentador, de donde sobresalen unas conversaciones muy potentes, ríe con este cúmulo de personas vulnerables. Atención: no se ríe de ellas. Ríe con ellas. Y es que, en este sentido, David Verdaguer hace una serie de monólogos que agrupan toda una constelación de bromas bien intencionadas.

    TV3 ha confirmado que habrá una segunda temporada, y esta es una noticia fantástica. Dicho esto, pues, veo una posibilidad interesante. Y es que sería formidable que las personas con tartamudez fuéramos las invitadas de honor de uno de los programas de la segunda temporada. ¿Y por qué no? Somos gente que con demasiada recurrencia hemos sido expulsadas de la sociedad, tratadas salvajemente, hemos recibido riadas de mofas y tachadas de anómalas, y todo ello porque tenemos una singularidad manifiesta en la expresión oral, es decir, que no somos fluidas.

Creo que sería un acierto espléndido que «Tabúes» se fijara en nosotros. Nos permitiría arrinconar falsos mitos, nos daría visibilidad y aprovecharíamos la oportunidad para demostrar a un número ingente de personas que hablan sin trabarse de que somos válidos y competentes; sólo que, con regularidad, las palabras no nos salen rítmicas.

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