Unos discursos casi perfectos

Continúa la grave crisis del coronavirus. En este contexto, es importante que las autoridades políticas se muestren, en sus discursos, sólidas y firmes en periodos tan complejos como el que seguimos viviendo. Y es que dirigirse a todo un país es, en estos tiempos convulsos, una tarea que requiere una comunicación ejemplar a la población.

    Las actuaciones orales de Pedro Sánchez, el presidente del gobierno español, son, a criterio mío, de una determinación prácticamente total y absoluta. En este sentido, cuando el presidente, con el micrófono delante, solo y de una manera solemne informa a la ciudadanía, es un rato, que se va repitiendo y se irá repitiendo periódicamente mientras persista la crisis sanitaria, que, más allá de las opciones políticas de cada uno y de si convence más o menos lo que dice, considero que hay que saborear, tengamos o no tartamudeo.
    
    Cuando el presidente Pedro Sánchez se dirige a la nación es porque trae novedades destacables. Por ejemplo, su última comparecencia en solitario fue para notificar el plan de desescalada en las medidas drásticas de confinamiento.

En mi opinión, es el mejor orador que hay en la política española. Sin embargo, en sus llamativas actuaciones orales, de vez en cuando, sólo muy esporádicamente, se atasca. Pero ojo, no porque tenga algunos síntomas de disfemia. No.

     Así, considerando la extrema importancia de lo que dice, hablar a la vez a millones de personas y siendo conscientes, como podemos serlo todos, que es difícil hacer un discurso de larga
duración en todo instante fluido al cien por cien, se entiende que muy testimonialmente, cualquier orador de renombre, pueda trabarse.

    Cuando escucho estas comparecencias individuales de Pedro Sánchez, paro una gran atención. Primero, por lo que nos comunicará. Pero segundo, para disfrutar de sus oraciones sublimes. Y a ciencia cierta, como me sucede con otros políticos, incluyendo algunos de catalanes que a la vez también se expresan magníficamente, no siento, teniendo en cuenta mi condición de afectado de tartamudeo, ningún tipo de envidia ni malas vibraciones. A veces, en consecuencia, tan sólo me faltaría levantarme del sofá y aplaudir.

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