La emergencia del coronavirus: todo un reto para las personas con tartamudez

A un número grandioso de millones de personas nos ha cambiado la vida de una manera radical, inesperada y repentina. La emergencia del coronavirus se ha extendido con una gran brutalidad a una buena parte del mundo, causando estragos en numerosos países y provocando el pánico en un amplio segmento de la población. Y en este sentido, con el confinamiento obligatorio que nos han impuesto las autoridades y la pérdida de las libertades individuales, aparte de sufrir por nuestra salud física y la de las personas de nuestro entorno, estamos viviendo, la sociedad en general, un reto de dimensiones bíblicas. Y en este orden de cosas, naturalmente, los afectados y afectadas de tartamudez no quedamos al margen.

    Muchas personas con tartamudeo somos conservadoras, es decir, vivimos en un orden establecido, no nos gusta demasiado arriesgarnos, tenemos unas rutinas, y si este orden mencionado se rompe, nos podemos volver vulnerables. Y vulnerables desde la perspectiva de ser golpeados por una intensificación de la disfluencia, precisamente nuestro punto débil.

La emergencia sanitaria que nos tiene atrapados tantas horas en casa y nos impide relacionarnos como quisiéramos y disfrutar de nuestras aficiones exteriores, nos puede generar una inquietud notable. Y ya sabemos que, soportando adversidades, tenemos bastantes posibilidades de que el tartamudeo se haga más acusado.

   A título personal, puedo estar, de momento, y centrándome en mi disfemia, bastante contento. Porque, de hecho, no he tenido ninguna caída abrupta de la calidad del habla. Sin embargo, ya no estoy tan fluido como lo estaba en los últimos meses, cuando, en unas líneas maestras y de conjunto, pasaba por una buena época oral a pesar de transitar por algunos contratiempos vitales relacionados con proyectos diversos.

La población tenemos la sensación de que el confinamiento obligatorio va para largo. Y aquí, tendremos que ser muy fuertes. También, claro, los afectados y afectadas de tartamudeo. Yo, por ejemplo, con respecto a mi habla, voy al día. No descarto, en el supuesto de que la situación se dilate enormemente en el tiempo, empeorar bastante más. Pero insisto: debemos tener coraje y ser valientes, que saldremos adelante. Y aunque durante una temporada podamos tener unas frases menos rítmicas, cuando recuperemos nuestra vida es muy posible que volvamos a una normalidad verbal.

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