¿Es conveniente recibir felicitaciones si nos expresamos con fluidez?

Es habitual que cuando un niño o una niña que a menudo se atascan en las frases orales se muestran fluidos, se les felicite. Y se hace con buena intención, con el objetivo de estimularlos, darles moral y consolidar la línea positiva. De hecho, en los casos en que, justamente, los implicados sean criaturas es acertado. Ahora bien, ¿qué ocurre con los adolescentes? ¿Y con los jóvenes? Y sobre todo, y es lo que pretendo incidir: ¿y en los adultos? ¿Es conveniente, en consecuencia, felicitar un adulto o adulta cuando ha sido más fluido de lo que estamos acostumbrados a escucharle?.

   Uno de los consejos que, frecuentemente, se da cuando una persona fluida se dirige a una que se tropieza, y que en este caso concreto no lo hace mucho o nada, es, a la postre, no decirle que ha hablado muy bien. En este sentido, el adulto se puede sentir presionado y tener la sensación de que su interlocutor o interlocutores están especialmente atentos a sus
palabras.

Dicho esto, quisiera apuntar algunos detalles. De entrada, si el interlocutor es de mucha confianza considero que, a los afectados y afectadas de tartamudeo, no nos debe molestar. En la práctica, debería reforzarnos. Ahora bien, cuanto menos vínculo tengamos con la persona que nos ha congratulado, nuestra percepción no debería ser tan satisfactoria. Y en caso de que no depositamos mucha confianza, sí que nos podría molestar un poco. Por lo tanto, no encuentro erróneo que una persona fluida anime una de cercana, como pueda ser un muy buen amigo o amiga, la pareja o los familiares más íntimos. En estas condiciones, estoy de acuerdo, aunque me temo que muchas personas con tartamudez pueden discrepar.

   Precisamente, comento todo esto porque hace pocos días me han felicitado. Y Marta lo hizo de verdad, con la mano en el corazón y con una sinceridad excepcional.

Com os informé, Marta es mi gran amor -gran amor frustrado, con una relación muy efímera en mayo pasado- de los últimos años. Pues bien, después de irse a vivir a la otra punta de España, ha venido unos días a Cataluña, y quedamos un rato. Y tenía razón: las frases me emergieron rítmicas y ponderadas. Así, en la despedida me transmitió que “has hablado muy bien, no necesito tu blog ni tu cortometraje”. Marta, pues, me notificó de una manera clara que yo había sido fluido. ¡Y naturalmente que no me enfadé! ¡Claro que no!.

   Sin embargo, es importante insistir que a pocas personas con tartamudez satisface recibir este tipo de comentarios. Pero pensemos un momento. ¡Siempre es encantador percibir que la gente de más confianza nos valora!.

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