¿Por qué no reaccionamos cuando se nos burlan?

A un número grandioso de afectados y afectadas de tartamudeo, es muy probable -entre los que me incluyo- que tengamos ganas de decir, alto y claro, que ya basta de recibir caras de circunstancias, sonrisas considerables muy sospechosas y medias risas varias cuando exteriorizamos dificultades en la expresión oral. Ahora bien, ¿por qué tan a menudo callamos? ¿Por qué no pedimos explicaciones? Y voy más allá: ¿por qué no escondemos que estamos disgustados o enfadados? Y más: ¿por qué hacemos ver que no ha pasado nada? De hecho, en relación esta pluralidad de escenarios, me parece que tengo la respuesta.

    En la práctica, no estoy seguro de que sea una respuesta concluyente, pero al menos parcial sí, al menos, lo es. Así, ¿las personas con tartamudez somos demasiado prudentes? Y permitidme que añada que, en casos determinados, puede que haya complejos de inferioridad y se prefiera hacer ver que no ha sucedido nada. De todos modos, me decanto por pensar que tenemos un exceso de prudencia.

Por este motivo, entiendo que enfriamos la relación, temporal o definitivamente, con gente que ha mostrado una actitud con carencias con nosotros. Es más: esta circunstancia la defiendo de lleno, y lo he puesto en marcha, los últimos tiempos, con gente diferente que no me han demostrado honorabilidad. Pero tener menos vínculo con los implicados es una cosa, y encararse es ser bastante más valiente. Y de nuevo, y me da rabia, no lo he estado en el último episodio en que me he encontrado falta de comprensión y educación.

   Hace menos de quince días tuve que hacer una pregunta, vinculada al servicio, a uno de los conductores de autobús de la ciudad de El Prat, muy cerca de Barcelona, de la línea que siempre cojo para ir a hacer vídeos de aviación. Pues bien, me costó un poco arrancar y el hombre, que yo no conocía, medio rió de una manera bastante aparatosa. Quise ser bien educado y no le recriminé -o no le informé de que es la tartamudez- su comportamiento. Y aquí no acabó la historia.

   Dos horas más tarde, en el regreso, le hice otra pregunta, porque al día siguiente volvía. Y la misma situación se repitió. Por mi parte y por su parte. Y tampoco reaccioné. Y en efecto, ya sé que tengo un carácter prudente, pero ¿cómo es que me he dicho tantas veces que la próxima vez que me pase pediré explicaciones al implicado o implicada y aún no lo he hecho? Y otra: ¿tarde o temprano tropezaré con la misma piedra? Y para concluir: ¿el próximo o próxima pagará todos los platos rotos?.

Etiquetas del post
, ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.