La importancia de disfrutar al máximo los buenos momentos

¿La vida es bella? ¿O es cruel? ¿O tal vez un poco de cada? Probablemente, muchas personas -entre las cuales me incluyo- se inclinarían por la tercera opción. A menudo, sin embargo, es tortuosa e irregular. Por lo tanto, es necesario, e incluso imprescindible, buscar momentos o ratos que nos llenen y que, en consecuencia, nos la hagan más óptima. Y en este sentido, es conveniente que los afectados y afectadas de tartamudez, y más en el supuesto de que ésta no sea ligera o moderada, tengamos toda la predisposición del mundo para saborear experiencias altamente gratificantes.

    Como he comentado en otras ocasiones, soy un grandioso aficionado a la aviación. Y, pues, ¿que hice el pasado lunes 18 de noviembre? Cogí expresamente uno de los muchos aviones del aeropuerto de Barcelona que me tienen boquiabierto. En efecto, fui a Madrid con Vueling, que es la compañía que agrupa más vuelos en el aeropuerto, y muy especialmente volví a Barcelona con uno de los dos aviones más grandes que tiene Air Europa, y que me encantan. ¡Y como disfruté! Emocionado, el tartamudeo quedó, durante unas horas, casi fuera de mi existencia.

En otro orden de cosas, el lunes 2 de diciembre intenté caer aún más en gracia a una trabajadora de la entidad financiera que habitualmente piso, después de que la semana anterior -en un ejemplo manifiesto de expresión no verbal- esta chica -que ayer cambió de lugar de trabajo- se despertara con mi presencia. Pero ¡ay! Las palabras no surgieron todo lo fluidas que yo hubiera querido. Y me tocó las narices. Me afectó, claro.

   Por fortuna, horas más tarde, había la gala del Balón de Oro 2019. Como es sabido, el galardón lo ganó mi colosal ídolo futbolístico, Leo Messi. Pues bien, disfruté al máximo de su sexto Balón de Oro. Así, solté un grito de euforia cuando el presentador de la gala lo llamó, por la noche seguí con un enorme entusiasmo el programa de deportes de Televisió de Catalunya del que soy un fiel seguidor, y al día siguiente compré dos periódicos, uno de información general con un reportaje a cuatro páginas hablando de mi ídolo y uno de información deportiva. Y ciertamente, disfruté muchísimo del sexto Balón de Oro, siendo consciente de que, en parte, lo hacía para compensar la decepción de mi floja actuación oral cuando justamente buscaba fortalecer la simpatía.

   En definitiva: la vida, y con ella la tartamudez, ya es en demasiadas ocasiones bastante laberíntica, con lo que se nos hace indispensable tener momentos y ratos notables o excelentes, y que, en suma, nos ayuden a transitar por ella con más garantías.

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