El minuto de oro de los debates electorales televisivos: escuchar y aplaudir

Entre los personajes públicos, es un dato contrastado que los que se expresan mejor son los políticos. Ligándolo a esta circunstancia, hace pocos días en España hemos celebrado elecciones generales, y en este contexto, con el objetivo de seducir al máximo número de votantes, ha habido varios debates televisivos. Y un detalle, pues, es fácilmente comprobable: ¡que bien que hablaron algunos candidatos!.

    El tramo final de cualquier debate electoral emitido por televisión viene capitalizado por lo que se define como el minuto de oro, cuando cada candidato o candidata mira fijo a la cámara y, en consecuencia, se dirige de lleno al votante. Es en este minuto crucial cuando el ritmo de las oraciones puede ser, incluso, majestuoso.

    Me considero un fan de los minutos de oro. Intento parar mucha atención. Y si es necesario, lo grabo en el DVD para volverlo a ver. Así, los discursos de cuatro de los cinco candidatos principales, los que había en el plató del debate de más audiencia, me parecieron sublimes, y es difícil apuntar quien se lució más. El nivel era altísimo, por no añadir que estratosférico.

Por otra parte, en el debate de los líderes por Cataluña, a los que dio voz Televisió de Catalunya, los resultados no fueron tan formidables. Sin embargo, quisiera destacar dos nombres. El primero, Inés Arrimadas, de Ciudadanos, que hizo sesenta segundos que me dejaron clavado en el sofá. Y lo volví a saborear. Lo hizo perfecto. La segunda persona que quiero mencionar es Gabriel Rufián, de Esquerra Republicana de Catalunya. Para mí, después de la líder de Ciudadanos, fue quien estuvo más espléndido. Y atención: con una singularidad fuertemente relevante. Y es que se expresó despacio, mostrando un habla lenta nada común en los políticos.

    Las personas que nos encallamos en la emisión de las palabras, puede que nunca oremos de manera tan fascinante. Sin embargo, es importante disfrutar de estos sesenta segundos finales. Y si conviene, aplaudir. Otra cosa es si lo que nos cuentan nos convence.

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