¿El habla lenta es una rareza considerando el ritmo acelerado de la sociedad?

Es interesante incidir en la importancia del habla lenta, que, en el supuesto de que busquemos una expresión oral más rítmica, y ese detalle lo compartimos todas las personas tocadas con mayor o menor intensidad por el tartamudeo, es coherente ejercitarla.

    Asimismo, practicarla de manera habitual puede parecer paradójico, e incluso una anomalía o una rareza, en los tiempos acelerados que vivimos, en la época que todo debe estar en el momento y inmersos como estamos en una sociedad donde quien más quien menos corre sin freno. Por ello, debemos formular tres cuestiones notables. Hablar despacio, hoy en día, ¿puede hacer que la gente nos vea como extraños? ¿Alguien puede llegar a pensar
que nos falta un tornillo? En tres palabras: ¿es una anomalía?.

    Por otra parte, con un ritmo de velocidad verbal más pausado podemos conseguir que nuestro interlocutor baje su aceleración. Ahora bien, también podemos tener la sensación de estar entreteniendo con quien dialogamos.

Como usuario que soy de un habla más tranquila y moderada desde hace casi dos años, he tenido estos últimos días dos episodios, cuando la utilicé más descaradamente, en la que me han observado con cara de circunstancias, casi de estupefacción. Os cuento los dos ejemplos.

   Soy socio del Club Natación Badalona, ​​y para entrar, si queremos bañarnos, tenemos que pedir la llave de la caseta, que comparto con mi madre. Pues bien, hace muy pocas tardes, de una jornada en la que yo tenía dificultades orales, fui. En recepción, me topé con un chico que ha empezado a trabajar allí este verano, porque nunca lo había visto. ¿Y qué hice? Me planté delante de él, cogí aire y le requerí, después de dos segundos mudo, la llave correspondiente. Sonrió en tono sospechoso, como su mirada, que me enfadó.

En el segundo caso, de otra jornada en la que no me mostraba muy fluido, estaba vigilando la tienda de mi madre y hermana, porque la dependienta estaba dentro, y entró un matrimonio de clientes con su hijo. Irrumpieron casi volando, y la frase inicial fue directa. Entonces, cogí aire y al cabo de un par de segundos, sin ninguna prisa, respondí diciendo que ahora salía Mireia. Pusieron, los tres, una cara… Y con una sonrisa…

   A modo de conclusión: ¿qué preferimos, las personas con tartamudez? ¿Trabarnos bastante e ir al compás de la sociedad? ¿O atascarnos menos y sentirnos mejor?.

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