Vivir una época óptima puede mejorar el habla

Es toda una realidad que las épocas favorables, óptimas y donde nos pasan, a los afectados y afectadas de disfemia, una o varias experiencias notables e incluso sublimes pueden perfectamente despegar la calidad del habla. Entonces, es fácil entrar en un círculo virtuoso. Es decir: considerando que la vida nos va mejor, nos expresamos con más fluidez, y como oralmente estamos más activos, cogemos confianza y la nueva situación se puede reforzar.

Estrenar un trabajo que nos guste, hacer un viaje anhelado, tener un magnífico estado de salud física, que alguno de nuestros seres más queridos reciba una noticia fantástica, iniciar ese proyecto soñado o conocer una persona sólida y congruente que amorosamente nos atrape como pocas lo hayan hecho, son vivencias que nos pueden conducir a una temporada de oraciones bastante más rítmicas. Entonces, estamos de enhorabuena.

Del cierto, hoy cuento todo esto porque hace tan sólo tres días disfruté de un encuentro casual, en una de las calles de mi ciudad y varios años después, con mi amor principal de juventud, Olga, con quien el verano de 1993 disfruté de una afinidad total.
      
   Olga, casada con un señor alemán y con un hijo, vive desde hace mucho tiempo en Alemania, y muy de vez de cuando viene a Badalona a ver a la familia. Pero lo que quisiera resaltar del verano de 1993, es que significó el punto de partida de un período caracterizado por un tartamudeo mucho más moderado. O sea: un amor pletórico de juventud provocó una temporada de habla casi envidiable.
       
   Por lo tanto, si estáis viviendo una época de tartamudez más pronunciada, procurad no alarmaros. Una dulce sorpresa, un golpe de suerte o una visita inesperada os pueden mejorar la disfluencia. Pero para que haya este cambio de rumbo, es necesario alejar la negrura, abrirse y afrontar los días y las semanas con más energía positiva.

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