Exponer conocimientos y atascarse: una combinación dolorosa

Exteriorizar a los demás nuestras dificultades orales no es muy estimulante. Ahora bien, el desgaste psicológico que esta circunstancia puede conllevar siempre será de una mayor intensidad en aquellas personas disfémicas que no toleren su trastorno y que lo sitúen como el epicentro de sus males. Sin embargo, hay otra realidad incuestionable. Y es que haber aprendido a convivir con el tartamudeo, aunque sea parcialmente, hace que la afectación en las emociones sea menor.
       
    Más allá de estas anotaciones generales, hay otra certeza suficientemente significativa y que es interesante evidenciar. Por tanto, cabe afirmar que tanto si el grado de afectación es bajo, moderado, alto o extremo, este puede ser diferente en función del tema de la conversación que estemos teniendo.

A la práctica, no es lo mismo atascarse dialogando de política, diciendo que hemos desayunado o comido hoy o recordando el último partido de nuestro equipo de fútbol favorito que manifestando al interlocutor o interlocutores las nociones que tenemos de lo que mejor nos defendemos. Es aquí, en consecuencia, donde el impacto será previsiblemente superior.

En este sentido, quisiera haceros saber que en Cataluña, a finales de octubre, tuvimos un episodio sorprendente por las fechas, o sea, con el invierno aún tan distante, de frío y nevadas, y que detallé en el blog de mi web de meteorología.
     
   Considerando que tanta gente sabe que esta ciencia es mi punto fuerte, fueron numerosas las personas que me comentaron el tiempo anómalo que hacía. Pues bien, en aquellos casos en que me trabé más me tocó -y permitidme la expresión- las narices, y durante unos minutos me cambió la cara. En definitiva: se entiende perfectamente que nos fastidien los atascos en nuestras frases cuando hablamos -o intentamos hablar- de lo que más nos gusta, conocemos y que nos motiva enormemente divulgar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.