Tener tartamudez y saber convivir con ella: ¿una falsa aceptación?

Es importante remarcar que aprender a convivir con la forma de hablar singular, diferente e incluso anómala que es la tartamudez es una tarea casi ingente. Es decir, que este éxito -porque lo es- no se consigue ni en cuatro días ni de manera sencilla, y además hay que contar con altos y bajos. Aparte, está la notable premisa que a nadie le gusta atascarse en sus oraciones. Por lo tanto, expuestas estas generalidades comprobables en tantos afectados y afectadas, es conveniente que nos formulemos una pregunta contundente. Así, tener tartamudez y haber aprendido a convivir con ella, ¿es una falsa aceptación?.
       
   Con el objetivo de resolver esta cuestión, sería necesario un debate amplio y dilatado. De hecho, por lo que he escuchado con suma atención, hay opiniones para todos los gustos. Los unos, piensan que sí; los otros, que no. La disparidad de aportaciones es notoria. Por lo tanto, es complicado encontrar un consenso bien definido. Y os doy mi punto de vista.

El jueves, comprando en dos lugares diferentes, me trabé con cierta intensidad. La sílaba inicial no me salía ni en una tienda ni en la otra. Al cabo de varios intentos, pude pedir lo que quería. Me dije: “Jordi, pareces un mono, haciendo …u …u …u”. Y me tocó las narices. Y sí, un pelín sí me dolió, y tuve que pensar, para oxigenar la mente, en una de mis pasiones -en este caso, la aviación- para reubicar las emociones.

Pero por encima de eso, hay un tema que en noviembre hará dieciséis años, y que puede que no supere nunca del todo. Me refiero a mi fuga sangrienta, desde la perspectiva psicológica, de la radio, coincidiendo con un periodo de habla precaria. Y es que comprobar cómo, posteriormente, tantos compañeros y compañeras de aquella época en Radio Badalona encontraron trabajo en cadenas de televisión y de radio de mucho más alcance, en comparación conmigo, que me fui hundido, es un detalle al que siempre he dado un significado muy relevante.

Visto todo ello, en consecuencia, ser disfluente y aparentemente mostrar a los demás que lo llevamos bien y creérselo uno mismo, es probable, pues, que en muchos casos sea una falsa aceptación del trastorno. Pero insisto: es un debate abierto.

1 Comentario

  • La tartamudez genera emociones muy dolorosas de vergüenza, culpabilidad etc. Repetir sílabas incontrolablemente no es doloroso, lo que es verdaderamente doloroso es convivir con estas emociones. No es la tartamudez lo que nos duele sino nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestra conducta tras (o antes de) la tartamudez. Gestionas esas emociones y la tartamudez pierde toda su importancia.

    La gente no sabe como manejar nuestra tartamudez y toman como buena tu propio juicio. Si te avergüenza, si te asusta, si te humilla, lo notan y así es su reacción. Si te da exactamente igual tu tartamudez, manejando las emociones que genera, tu interlocutor hace exactamente igual y le da igual tu tartamudez. Paradójicamente al desaparecer ansiedad tartamudeamos mucho menos.

    La aceptación no es algo pasivo sino muy activo, requiere muchísimo trabajo, estrategias, gestión, y madurez de la personalidad. Esta es la verdadera cura y la que hace posible la felicidad y la vida plena de las personas que tartamudean. No busquemos ser perfectos, sino vivir una vida imperfecta pero escandalosamente feliz.

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