¿Los afectados y afectadas de tartamudeo tenemos una personalidad tartamuda?

Una inmensa mayoría de los afectados y afectadas de tartamudeo contamos con unos rasgos comunes en nuestra manera de ser. Es decir: tenemos una personalidad que, en mayor o menor medida, ha sido y es -y probablemente lo puede seguir siendo en el futuro- influida por nuestro trastorno en la emisión de las palabras.
       
    A pesar de que cada uno es un mundo, vive de forma particular la disfluencia y puede estar tocado por unos efectos emocionales y unas consecuencias en la vida que pueden ir más allá de lo cotidiano, la actitud en función del afectado o afectada puede ser bien diversa. Así, mientras es frecuente encontrarse con personas recluidas en sí mismas, con una vida social limitada y interiormente renegando en todo momento de su habla, es verdad que hay casos de gente que no les golpea la moral con demasiada intensidad. Ahora bien, lo más habitual es que un niño, un chico o una chica o un adulto o adulta disfémicos observen el trastorno como su verdadero, fastidioso y tantas veces inoportuno enemigo, con todo lo que, desde la perspectiva psicológica y vital, puede suponer.

Afirmado todo ello, es el momento de condensar este cúmulo de ideas y comentarios en una pregunta clara, directa y diáfana. Por lo tanto, ¿existe una personalidad tartamuda? La respuesta, considerando como mis épocas de habla más arrítmica en el pasado -y permitidme esta apreciación vulgar- me hacían cabrear duramente, lo que he contemplado y analizado ampliamente con otras personas disfluentes y el hecho de que lo hayamos hablado en ATCAT (Associació Catalana de la Tartamudesa), es indiscutiblemente afirmativa. En resumen, y hay que insistir: a pesar de que cada uno lleva su tartamudez como puede y lo mejor que puede y que no todo el mundo hace un drama, es francamente cierto que existe la personalidad tartamuda.

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