Una frase espeluznante:»hijo, ahora no hables que viene una visita»

Desde tiempos pretéritos, ha sido una realidad extendida, incuestionable y fácilmente comprobable que la tartamudez se ha visto como una vergüenza en muchos ámbitos de la sociedad, incluido en las familias, un tema claramente estigmatizado y con frecuencia imparlable, tanto que había que esconderlo. Dicho de una manera bastante contundente, y que, como las afirmaciones anteriores, no me estaría de divulgarlo una vez tras otra: un tabú.
       
    Pese a que en la actualidad el escenario empieza a ser menos odioso y moderadamente más favorable, aunque queda un largo camino por recorrer y aspectos por resolver, es plenamente cierta la vergüenza que mucha gente ha pasado en tener, cerca, un familiar afectado de tartamudeo.

Vinculado a esto, es el momento de anotar una frase sobrecogedora y espeluznante que un compañero socio de ATCAT, la Associació de la Tartamudesa de Catalunya, situó sobre la mesa hace unas semanas. Recordó, literalmente, unas palabras altamente desafortunadas que su padre le había lanzado hace unos años, cuando él era un niño, ya tartamudo. «Hijo, ahora no hables que viene una visita», le comentó. Es decir: un ejemplo duro y manifiesto de la gigantesca incomodidad que la tartamudez ha generado en un número grandioso de familias.
      
   Hay que advertir, por tanto, que todo aquello que no gusta y que es percibido como una anomalía, se intenta ocultar, invisibilizar y eludir. ¡Este es un error monumental! Porque, en suma, como otras diferencias que pueden tener personas diversas, la tartamudez existe, y es imprescindible abordarla y tratarla con la máxima naturalidad posible. Haciéndolo, podemos conseguir desestigmatizar-la. Y vale la pena. Creedme.

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