A muchas personas con tartamudez desconcierta la variabilidad en la intensidad de la disfluencia

Uno de los sentimientos más habituales que la tartamudez provoca en los afectados y afectadas es el notable desconcierto vinculado directamente a los constantes altibajos en la intensidad de la disfluencia. Es decir, con el objetivo, ahora, de visualizarlo con palabras, hay que decir que, por ejemplo, que no porque una persona disfémica empiece la semana expresándose bastante rítmicamente significa que la acabe tan bien, o viceversa.También, en un espacio temporal más reducido, no porque una mañana cualquiera su habla esté totalmente faltada de fluidez, tal vez por la tarde ya la haya recuperado, o al revés. Son éstas, por tanto, situaciones del todo corrientes.
      
   Afirmadas estas realidades, es lógico y evidente, en consecuencia, que estas fluctuaciones causen malestar en muchos afectados y afectadas, y no sólo desconcierto. O sea, que hablar o no hablar rítmicamente en un momento determinado no asegura que al cabo de unas horas o unos días pase lo mismo o lo contrario. La incertidumbre, pues, con frecuencia es absoluta.

En este contexto, todo ello no sólo va ligado a los episodios diversos favorables o desfavorables que nos vayan sucediendo en nuestras vidas, que como he comentado en otras ocasiones las buenas experiencias elevan el habla, mientras que las tristes o desagradables nos la pueden romper. Y es que, en la práctica, nos podemos encontrar con situaciones casuales que también la pueden levantar o degradar. En este sentido, os expongo una vivencia mía muy reciente.

Hace dos sábados había quedado a las siete de la mañana con mi padre porque quería acompañarme a filmar en las cercanías del aeropuerto del Prat -algunos ya sabéis que la aviación es una de mis grandes aficiones- un avión mastodóntico que venía excepcionalmente con motivo del Mobile World Congress. Y bueno, cerré la puerta de mi piso, empecé a bajar las escaleras y justo pasando por delante de otra puerta salió, de golpe, una vecina. Como no me lo esperaba, me atasqué un poco al decir «hola, buenos días», aunque ella no lo notó. ¿Y qué pretendo manifestar, con ello?. En resumen, que una sucesión de días fluidos finalizó con este hecho casual. O sea: si no me hubiera topado inesperadamente con esta mujer -como podía haber pasado con algún otro vecino del edificio- quizás el habla rítmica hubiera tenido continuidad, ya que a partir de entonces empeoró ostensiblemente. Ya lo veis: los altibajos en la intensidad de la disfluencia son recurrentes y pueden estar perfectamente sometidos a casualidades diversas, como la descrita.

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