Tener tartamudez es muy duro; es necesario ser fuerte y valiente para afrontarla

Es innegable que para una inmensa mayoría de personas con tartamudez, sean niños, adolescentes, jóvenes o adultos, tener tartamudez es una experiencia a menudo dolorosa, incluso sobrecogedora y en determinados casos traumática. En este sentido, una notabilísima montaña de testigos lo avala.
      
   Sin embargo, hay que decir que, en la práctica, y en consecuencia, somos una minoría aquellos que hemos aprendido a tolerar el trastorno, que sabemos convivir con él con un mínimo de garantías y que hemos asumido sin dramatismos que, muy probablemente, la disfluencia nos tocará hasta el día final.
      
   De hecho, y considerando los dos párrafos anteriores, y a pesar de la visión menos pesimista del segundo, es una certeza que tener tartamudez es muy duro, y que es imprescindible ser fuerte y valiente para compartir la vida, en todo momento y los 365 días al año, con el trastorno.

En este contexto, y valorando que la última semana he sufrido una intensificación de la disfluencia, estas últimas jornadas estoy interiorizando, efectivamente, esta idea. Por poner un ejemplo representativo os he de comentar la falta de fluidez en algunas de las conversaciones que he mantenido estos últimos días con clientes de la tienda de mi hermana, situada en una de las principales calles comerciales de Badalona y que está temporalmente cerrada por obras, y donde me paso ratos vigilando los operarios desde la calle. Pues bien, los clientes me preguntan, allí estando, como van las reformas y cuando el establecimiento volverá a abrir, y los diálogos, en algunas ocasiones, han sido, por mi parte, arrítmicos. 

Por todo ello, pues, estar afectado de tartamudez es una vivencia contundente, pero con un impacto afortunadamente más amortiguado si hemos aprendido a tolerarla y convivir con ella. Y es que, además, son muchas las personas que han descubierto la web que estáis leyendo y que me han enviado correos electrónicos contándome su historia o la de familiares, y donde he percibido diversas relaciones con el tartamudeo al umbral del drama más absoluto.

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