Cuando hablamos, solemos utilizar estrategias para disimular el tartamudeo

Es del todo conveniente remarcar las veces que haga falta que a ningún afectado o afectada de tartamudeo le gusta hacer visible -es decir, exteriorizar de cara a los demás- su trastorno en la emisión de las palabras.

    Constatada enérgicamente esta realidad general, incuestionable y fácil de entender, las personas que no somos fluidas en la expresión oral utilizamos una serie de trucos, soportes y estrategias para intentar disimular la disfluencia.

    En este sentido, algunas de las opciones elegidas son, por ejemplo, las siguientes: toser expresamente y sin tener necesidad física al comprobar que un bloqueo es inminente, y esta actuación también es plausible en el instante inicial de recibir o hacer una llamada; otro truco es taparse parcialmente la boca pretendiendo ocultar los tics faciales que se pueden producir, o de la misma manera, se dan conductas de evitación como hacer ver que se ha olvidado lo que se quería decir. Hay que afirmar que esta última es la más frustrante. Pero, igualmente, somos capaces de contar con elementos de apoyo que nos pueden ayudar durante la emisión de las frases. Y, en este contexto, os comento una vivencia de estas Navidades.

Así, a finales de diciembre, y pasando por delante de la tienda de discos, películas y objetos diversos que tenemos en la calle más comercial de Badalona, ​​vi en el escaparate la película Ted, una comedia norteamericana protagonizada por un osito de peluche mal hablado y muy aficionado a la cerveza, la coca y las chicas. Pensé, ya que la había oído nombrar, que me compraría el DVD. Y, pues, ¿qué estrategia utilicé?.

Una vez dentro, le comenté a la dependienta que «querría algo que hay en el escaparate». Salimos y le señalé el DVD pronunciándole la frase «quisiera esta película, la del osito». ¿Y qué pretendo exponer, con todo? Que dándome cuenta que diciendo, de entrada, «quisiera la película Ted» existía el riesgo de que me bloqueara, opté por la solución que acabo de comentar. O sea: una estrategia que me permitió hablar con fluidez y que comportó, en consecuencia, que nadie, en esa tienda, percibiera que tengo una singularidad comunicativa.

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