Cuando tartamudeamos con intensidad solemos quedar perplejos y desconcertados

Es una realidad tan evidente como incontestable -y permitidme que lo vuelva a manifestar claramente- que a ninguna persona con tartamudeo le gusta tener dificultades a la hora de expresarse. Incluso, en el grupo de afectados que más o menos hemos aprendido a convivir, porque del todo es complicado, con el trastorno de comunicación que nos acompaña -que es muy inferior al del número de gente que lo sufre muchísimo- tampoco nos hace demasiada gracia trabarnos, a pesar de que en bastantes ocasiones que no le damos importancia.

Afirmadas estas palabras, y este detalle que a continuación os comentaré pasa sobre todo en aquellas personas que la disfluencia les daña la vida cotidiana, y en menor medida al resto, es el momento de anotar, y en voz bien alta, que cuando tartamudeamos con mucha intensidad solemos quedar, durante un rato, atónitos, perplejos y desconcertados. Y eso es, justamente, lo que me sucedió hace pocos días conversando por teléfono con la persona que me construyó el blog que estáis leyendo.

Así, y aunque en el transcurso de la jornada no había tenido ningún tropezón oral serio, el diálogo que mantuvimos me costó duras penas. Y sorprende, porque este chico disfruta de una calidad humana y profesional verdaderamente extraordinarias, dignas de aplaudir, como tantas veces lo comento a las personas de mi entorno. Pero las frases emergían con dificultad. Literalmente, quedé en fuera de juego.

Y pues, ¿que quiero exponer y destacar, con todo? Que aunque toleremos de una manera parcial nuestro tartamudeo, y imaginaos el daño en la autoestima que puede provocar en las personas que no lo toleran lo más mínimo, cuando nos trabamos muy visible y indisimulablemente es natural que nos quedemos, como mínimo, un poco rotos y con los ánimos más bien desmenuzados. Una situación, en todo caso, temporal y pasajera, cierto, pero que ejemplifica muy bien que tartamudear, y en particular si se hace con intensidad, es una vivencia poco gratificante.

 

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2 Comentarios

  • Charles Van Riper dedico su vida desde niño a luchar contra la tartamudez, para muchos el pionero en desarrollar un método, al final de su vida se da cuenta que no ha ganado “la batalla” del todo, pero se da cuenta de lo que es realmente importante, la felicidad, y el tuvo una vida inmensamente feliz y eso es lo realmente importante. Que más da lo que piensen los demás o la ignorancia que hay sobre la tartamudez. Ya se que cada tartamudo es un mundo, aparte unos elementos comunes hay un componente psicológico, que nos hace únicos, pero compañer@s muchas veces la mejor terapia es la autodesensibilización. No sé vosotr@s pero cuantas veces tartamudeamos con las personas que tenemos verdaderamente confianza, que saben de nuestro problema, quizás ninguna o muy poco… ya se que es duro, ya que desde niños hemos vivido seguramente estigmatizados por esto, pero el hecho de reconocer a nuestro interlocutor que somos tartamudos bajo el grado de ansiedad y por ende nuestro habla es más fluida. Antes era incapaz de coger un teléfono y llamar a alguien, pues perdía la reacción de su cara si tartamudeaba y hoy en día me da igual, si tengo que llamar llamo, a veces totalmente fluido, otras veces menos fluido, me da igual lo que el interlocutor piense, no me van amargar la vida.
    Gran página felicidades!!!!

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