Hay personas fluidas que consideran gratificante pasar su tiempo con afectados de tartamudez

En diferentes entradas en este blog he ido remarcando la divergencia existente en la forma en que las personas, en función de su nivel cultural y sensibilidad, enfocan la mirada en aquellos y aquellas que no nos expresamos con fluidez. Hoy, me complace  contar una experiencia altamente ilusionante de una actitud muy favorable de una serie de personas fluidas hacia nosotros.

Insistiendo en el acto público que ATCAT organizó hace unas semanas en el Real Centro Artístico de Barcelona, ​​tengo que decir que, al terminar, un amplio grupo de socios y simpatizantes fuimos a cenar para celebrarlo. Entre los simpatizantes, había amigos y familiares de socios y socias destacados. De hecho, en todo momento, estas personas estuvieron plenamente integradas y con un respeto total hacia nosotros. Pero lo que, de verdad, quisiera remarcar es la hora de la despedida, cuando estos amigos y familiares vertieron a la conversación la realidad de una vivencia -estar con nosotros- que les había sido, según valoraban, inmensa, tanto que la querían repetir. En este orden de cosas, sobresalía la actitud de un muy buen amigo de la secretaria de ATCAT, la genial y formidable Pilar.

Hay que afirmar las veces que haga falta que estas personas, pero en particular este señor ampurdanés, manifestaron el enriquecimiento que les había supuesto el encuentro, el placer absoluto de hablar con nosotros, la suerte de habernos conocido y, en definitiva, como le había animado pasar esas horas a nuestro lado.

En la práctica, considero esencial este cúmulo de comentarios porque demuestran muy bien que hay personas -y ojalá no sean pocas- que encuentran de lo más motivador y gratificante compartir su tiempo con personas con tartamudez. Es decir: unas actitudes que hay que aplaudir y que, sin duda, nos animan a seguir adelante y a no desfallecer.

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