La música, un instrumento valioso y eficaz para combatir la tartamudez

El poder curativo de la música, y de ahí viene la expresión tan acertada de musicoterapia, es claro e incontestable. En este sentido, y concretando en la tartamudez, se convierte en una herramienta ingente de cara a luchar contra las adversidades psicológicas que puede conllevar tener un habla arrítmica. Os pongo un par de ejemplos de lo más evidentes, que ratifican bastante bien esta opinión ampliamente compartida.

El 25 de marzo, en el Real Centro Artístico de Barcelona, ​​ATCAT presentó el proyecto musicocientífico “Hablemos cantando”, donde se exponía que la música puede rehabilitar la tartamudez. Acto anunciado a la emisora ​​de radio RAC1 y en la cadena de televisión 8TV, fue un éxito. Primero, una conferencia de un divulgador de la relación entre la música y el cerebro, y segundo, una actuación de varios socios y socias, hicieron las delicias del público, entre el que me encontraba yo.
Francamente, os puedo confirmar, a título personal y, por tanto, por experiencia propia y recurrente y habitual, que, a ciencia cierta, la música es un instrumento inmensamente valioso y efectivo para combatir el tartamudeo, al menos desde el punto de vista de los obstáculos emocionales que puede conllevar.

Soy muy aficionado a las bandas sonoras de películas, tanto que es mi género musical favorito, y con una gran diferencia respecto a los otros. Tengo un compositor que admiro especialmente, el alemán Hans Zimmer, autor que ha creado obras celebradas y de la belleza y categoría de “Interstellar”, “El caballero oscuro”, “El código da Vinci”, “Inception”, “Gladiator “o” El rey león “, entre otros. Así, dispongo de una auténtica montaña de CD de él. ¿Y sabéis qué? Qué enorme placer, sentado cómodamente en el sofá, escuchar con suma atención y concentración estos temas sublimes, y si puede ser a todo volumen. Por ejemplo, disfrutar de “Interstellar” y del resto de las fantásticas bandas sonoras famosas que ha hecho, emociona tanto, relaja de tal manera y atrapa en un estado tan gigantesco de sosiego y de espléndidas vibraciones que, entonces y como mínimo por unas horas, tener tartamudez pasa a ser, tan sólo, una simple e irrelevante anécdota de la vida.

 

Etiquetas del post
,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.