Cuando nos trabemos hablando, no nos acabéis las palabras y las frases, por favor

Una de las actitudes más habituales y recurrentes de las personas fluidas al comprobar que su interlocutor se atasca en la emisión oral es, precisamente, acabarle las palabras o las frases. Y éste, de una manera clara e indiscutible, es uno de los errores más evidentes y contundentes que se pueden hacer hablando con una persona con tartamudeo.

Afirmada esta realidad, se trata, pues, de un comportamiento que evidencia bastante bien el desconocimiento general que existe en la sociedad a la hora de interactuar con un afectado o afectada de tartamudez. Y hay que insistir mil veces: no acabad nunca, es decir, no nos ayudéis, a completarnos el discurso. Nunca, aunque creáis que lo haceis de buena voluntad. Dejadnos tiempo para expresarnos. Diremos lo que queremos decir, pero, como perfectamente recoge el lema de la campaña de concienciación «Dame ti ti tiempo» de la Fundación Española de la Tartamudez, requerimos unos segundos más para articular nuestras oraciones.

Justamente, hoy remarco el error garrafal, y lo defino de garrafal porque a muchos disfémicos les irrita, de terminar las oraciones, porque en el almuerzo de ATCAT que hace unos días os comentaba se produjo un episodio relacionado que permitidme que os mencione.

Así, un socio, magnífico y muy humano pero que prefiero conservar el anonimato, en el momento de pedir el postre a la camarera tuvo dificultades. Quedó a media palabra. Entonces, la chica le finalizó. ¡Y se equivocó!. No acertó lo que le apetecía. A continuación, el chico, con una sonrisa irónica, al segundo intento lo pudo decir. A criterio nuestro, la camarera quedó bien retradada.

Ya lo veis, pues: dejadnos hablar. Dadnos tiempo. Quizás no seremos rápidos, pero al final acabaremos diciendo todo lo que pretendemos decir. Dejadnos hablar, por favor.

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