Salir por la radio y tener tartamudez: ¿una relación imposible?

         El lunes se celebró el Día Mundial de la Radio, y en sintonía con esta efeméride quisiera comentaros mi paso por Radio Ciutat de Badalona y su relación con la tartamudez.

      Durante unos años había deseado, como apasionado de la meteorología que soy desde la infancia, ser hombre del tiempo de alguna emisora de radio. Incluso, me atraía muchísimo la idea de responder las dudas meteorológicas de los oyentes. Así, el 14 de febrero de 2000 empecé a hacer previsiones en la emisora líder de mi ciudad. Había cumplido un objetivo preciado. Y aún más: aquel verano hacíamos el programa matinal desde la playa, en directo, donde todos nos veían y los oyentes me preguntaban el tiempo previsto. Estaba de enhorabuena. Y es que una intensidad moderada del tartamudeo me permitía hacer radio y sentirme realizado. Ahora bien, a principios de 2001 sufrí un grave empeoramiento en el habla.

      A partir de ello, las apariciones en antena me fueron inquietando cada vez más, transformándose esta inquietud en una angustia total. La radio, tal vez, se me acababa a zancadas de gigante. Entonces, tenía dos opciones: implicarme más o, totalmente a regañadientes, irme. De hecho, implicarme más era una tarea difícil dado que el tartamudeo había aumentado de forma notable. La opción de huir corriendo -porque, lisa y llanamente, así lo definia- fue la escogida.

       En consecuencia, con un dolor tremendo, y por tanto con unos ánimos rotos, el 9 de noviembre de 2001 abandoné Radio Ciutat de Badalona y mi tarea anhelada de hombre del tiempo. Un proyecto, que para mí era vital, quedaba desmenuzado, convirtiéndose en uno de los episodios más tristes de mi vida de persona disfluente.

    Reconozco que en el transcurso de los años siguientes, la fuga de la radio continuó siendo un tema tabú. Y con el paso del tiempo aún me dolía más comprobar como numerosos compañeros y compañeras subieron de grado profesional, terminando en radios de mucho más nivel y audiencia y también en televisión. Y en este sentido, una pregunta me torturaba: ¿donde hubiera llegado, yo, sin el incremento del tartamudeo?.

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