A muchas personas con tartamudez inquieta leer en voz alta delante de otra gente

         Todos aquellos y aquellas que estamos afectados y afectadas de tartamudeo acostumbramos a tener, también, dificultades en el momento de leer en voz alta. Ahora bien, dentro de esta premisa genérica está la singularidad de cada uno; es decir, mientras que hay personas que se sienten más cómodas haciendo una lectura, otras sufren el efecto contrario. Y como parece bastante lógico, no es lo mismo leer en voz alta estando solo, que ante un interlocutor o frente a un grupo de gente. Así, cuanto más personas nos escuchen existen más posibilidades de que el discurso sea arrítmico.

        Por lo tanto, se puede constatar con una claridad meridiana que leer en público, a una mayoría de afectados y afectadas de tartamudez, no sólo nos pone en guardia, sino que, lisa y llanamente, puede asustar. Notificado este dato poco alentador, os comento, en este sentido, mi última experiencia.

     En los últimos tiempos, los encargos que he recibido de gente diversa que me han pedido escritos han crecido de una manera notable. O sea, a pequeña escala, hago de negro literario. Como hobby, ¿eh? ¡Sin cobrar! Yo redacto y el mérito se lo pone quien me ha hecho el encargo. Además, como que en eventos familiares relevantes suelo escribir un texto de homenaje a la persona o personas protagonistas, siempre, y aquí lo enlazo con el tema de esta entrada, le digo a mi hermana que lo lea. No es que nos repartimos el trabajo, no. Lo que pasa es que en una fiesta, pero también en un funeral, me da respeto hacer la lectura en voz alta, y entonces necesito la ayuda de Judit.

     Esto, justamente, es lo que ha sucedido, por última vez, hace cinco días en la celebración de los 50 años juntos de mis padres. Y es que el 29 de enero de 1967 mi padre se presentó, con intenciones formales, a mi madre, y allí empezó una historia de amor que perdura. Judit, en consecuencia, leyó mi texto ante 23 familiares.

     Afirmado todo ello, la cuestión es clara: ¿soy cobarde o realista? ¿O la vez las dos cosas? Es evidente, pues, que leer en público, aunque sea en familia, no me genera confianza. Y esta circunstancia, no exponer la lectura de un texto propio, provoca frustración. No de grandes dimensiones, pero sí una cierta sensación de fracaso. En suma: un ejemplo más a añadir en la lista de situaciones que muchas personas que nos tropezamos expresándonos intentamos evitar.

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