Tener tartamudez y hablar en público: ¿posible o imposible?

       Incluso para una persona fluida, el hecho de aparecer en público y tener que hablar es una situación muchas veces inquietante y que genera inseguridad, es decir, que provoca un cierto estado de nerviosismo. Pero, ¿y las personas disfluentes?. ¿Como lo vivimos?. ¿Qué síntomas adversos se nos manifiestan?. Para decirlo claro: si para una gran parte de la población ya representa o representaría un problema, es evidente que, para nosotros, los afectados de tartamudeo, se nos pueda presentar como un obstáculo altamente angustioso, como una montaña difícil de alcanzar la cima.

         Os contaba, en la última entrada, la debacle en la presentación de mi segundo libro, «La meteorologia a Catalunya». Entonces, ¿qué consecuencias ocasionó a medio y largo plazo?. Muy sencillo: en los siguientes siete libros que publiqué, todos en otra editorial, ya no hice ninguna presentación. ¡Y mirad que en circunstancias normales, o sea, fluidas, me hubiera entusiasmado!. Ahora bien, hubo una renuncia que, de un modo particular, me hizo mucho daño.

      Así, en 2009 publiqué «El Ripollès.Territori y paisaje», donde evocaba los atractivos de esta comarca que tanto adoro del Pirineo oriental. Habiéndolo descubierto, desde el Consejo Comarcal del Ripollès, y en concreto su presidente, me ofrecieron presentarlo a la sede del Consejo. Después de pensar mucho, decliné la oferta, y eso me dolió, anímicamente, una buena temporada. ¡Y con la ilusión de que me hubiera hecho!.

       Estoy evocando estos recuerdos de mi paso por la editorial Publicacions de l’Abadia de Montserrat -que es, con 517 años de historia, la más antigua de Europa- porque el jueves pasado, tanto tiempo después, me entrevisté con la gerente, pidiéndole yo el  encuentro. Y es lógico que esa etapa literaria -acabada debido a la grave crisis económica que llegó- se me haya removido. Porque, en suma, los ocho libros que la cordialísima y atenta Anna Maria Macià me editó es uno de los tres mejores recuerdos de mi vida, a la altura -y permitidme que os lo diga- de dos experiencias más igual de deslumbrantes: las colonias infantiles en Planoles, precisamente en el Ripollès, y haber estado al lado, entre 2010 y 2012, de una chica única a la que me he referido en ocasiones anteriores, Eva. Y para cerrar: las tres grandes vivencias, sin duda, y a pesar de evitar la presentación de los libros, significaron inyecciones de moral de medidas estratosféricas para combatir con más garantías mi condición de disfluente.

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