La tartamudez puede provocar experiencias traumáticas y aterradoras

          El 3 de noviembre de 2003 sufrí una de las experiencias más duras y espantosas de mi vida disfluente, y la deseo explicar precisamente ahora porque, por tanto, acaba de hacer años hace pocos días.

       La editorial donde publicaba mi segundo libro, “La meteorologia a Catalunya”, y luego incluso vinieron siete libros más en otra editorial, me obligó a hacer una presentación pública. La fecha escogida fue la indicada líneas atrás y el lugar la biblioteca Can Casacuberta de Badalona, donde asistieron más de 50 personas, la televisión y prensa locales, mi librero de confianza todos estos años, Isidre Sala, que esa tarde vino a vender unos cuantos ejemplares, y la persona que me presentaba la obra, un siempre afable Santi Parés, badalonés como yo y entonces uno de los hombres del tiempo de Televisión Española.

        Pues bien, nos sentamos ante una mesa que presidía un micrófono la directora de la biblioteca, Imma, Santi y yo, delante mismo de los asistentes. Primero, habló Imma; a continuación, Santi, con unas excelentes alabanzas al libro -que fue pionero porque fue el primero que trataba específicamente la meteorología catalana-, y luego me tocaba a mí. ¿Y qué pasó?. El resultado fue una de las escenas más tristes y conmovedoras de mi existencia.

      No pude hablar. Me quedé clavado, mudo, sin poder expresarme. Las breves y rotas palabras iniciales con mucha dificultad, acabaron pronto. No podía, pues, continuar. Entonces, Santi tomó el micrófono y, ayudándome, volvió con alabanzas al libro. Me había quedado totalmente incapacitado para hablar. La vergüenza fue histórica, y mi autoestima quedó devaluada una buena temporada. Aquel acto público, a la postre, se convirtió, para mí, en un auténtico tabú, en un tema prohibido. La onda expansiva, aparte de tremenda, duró tiempo.

        Es verdad que todo se había complicado hacía sólo tres días, cuando Aurora, -la pareja con la que había pasado los últimos tres años y medio- y yo habíamos cerrado la relación en un final muy tormentoso. En consecuencia, yo aterrizaba en la presentación en unas condiciones pésimas, un factor que agravó la catástrofe oral. Porque lo fue. En suma: os quería contar, pues, uno de los episodios -de momento uno, ya que hay otros- más escalofriantes relacionados con mi vida disfluente.

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