La tartamudez: ¿un trastorno invisible y olvidado?

       La nota de prensa que, desde la dirección de ATCAT, me encargaron de redactar con el objetivo de difundir el acto público que el pasado día 22 hacíamos con motivo del Día Internacional del Conocimiento de la Tartamudez llegó a todos los medios de comunicación posibles. Hasta aquí, todo correcto.

        Ahora bien, a la hora a la que los teníamos convocados, aún los esperábamos. Y unos minutos más tarde, más de lo mismo. Dicho de otro modo: ningún periodista apareció en el lugar del encuentro. ¡Ninguno!.

        El presidente de ATCAT, un siempre colosal, desde el punto de vista de la calidad humana, Josep Sansalvador, reconoció ante los cuarenta asistentes su notable decepción. Era lógica, legítima y comprensible. Sin embargo, es verdad que varios medios se habían puesto en contacto con él. Pero en el momento más relevante, a la hora de la verdad, nos abandonaron.

       Vivida esta experiencia poco alentadora, hay que remarcar enormemente, según nuestro criterio, un detalle muy significativo. Y es que la tartamudez es una gran desconocida, un trastorno invisible y que genera escaso o nulo -¡digámoslo bien claro, nulo!- interés en la sociedad. Y evidentemente, en los medios de comunicación. Conviene, pues, en este sentido, ser del todo contundentes.

      En consecuencia, tengo la percepción, sin mucho temor a equivocarme, que las personas que nos trabamos en el instante de hablar, que precisamente no somos pocas, a menudo quedamos indefensas y olvidadas.

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