El teléfono provoca pánico a muchos afectados y afectadas de tartamudeo

           Coger un teléfono fijo o móvil y hacer una llamada, o bien responderla, es para una inmensa mayoría de gente una actividad del todo rutinaria, sencilla y común, aparentemente carente de obstáculos.

        Ahora bien, como excepción clara y contundente de esta premisa casi general y absoluta encontramos la seria incomodidad que, como mínimo, este aparato genera en un montón de personas con tartamudez. Y atención, porque, más allá de la sensación incómoda mencionada con que podemos contemplar el teléfono, hay muchos afectados y afectadas de tartamudeo que, verdaderamente, le tienen pánico. Entonces, se les convierte en un enemigo rabioso y fuertemente irritante, que incluso saca el sueño.

         Esta es una realidad que, de un modo particular, se manifiesta en aquellas personas en las que la intensidad del tartamudeo es importante o severa. El teléfono puede llegar a provocar un miedo muy difícil de dominar, casi incontrolable y comportar unas angustias altamente nocivas para la salud emocional. Y más duro puede convertirse en el momento de llamar que contestar una llamada, precisamente porque se suele producir ese estado previo bastante calamitoso conocido con la expresión de ansiedad anticipatoria. Yo mismo, en las épocas más vigorosas del trastorno, la he vivido con una especial relevancia.

        A pesar que desde el mes de julio he normalizado el habla tras el descalabro que arrastraba desde febrero, es cierto que en días determinados la disfluencia se presenta más. Así, el 14 de septiembre pasado tenía muchas ganas de llamar, considerando que era su cumpleaños y la magnífica relación de que disponemos, el marido de mi prima Marta, Miquel, un ejemplar padre de familia. Pero como ese miércoles percibía un habla transitoriamente más insegura e inestable, no lo llamé. ¡Y lo mal que me supo!. Este es un caso representativo, no de pánico claro, pero sí que escenifica muy bien que coger el teléfono no es, para muchas personas disfémicas, una tarea siempre fácil y al alcance de la mano.

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