Las personas con tartamudez pensamos muy a menudo en nuestro trastorno

       Una de las particularidades psicológicas más significativas que, de una manera amplia y bastante general, acompañan la tartamudez es que las personas afectadas tenemos bien presente en nuestros pensamientos la disfluencia.

        A pesar de esta premisa, es verdad que el hecho de recordar que sufrimos una anomalía en la expresión oral se da en un grado diferente en función de la intensidad del tartamudeo y la forma en que la persona sufre más o menos las consecuencias. Así, un tartamudeo leve o moderado difícilmente molestará hasta el extremo. Ahora bien, uno de severo puede conducir a un estado obsesivo incontrolable.

    Es cierto que, considerando que una persona suele hablar continuamente en el transcurso de una jornada cualquiera y que el problema está, precisamente, a la hora de expresarnos, en el momento de intercambiar palabras con alguien nos venga en mente  que no somos fluidos. Sin embargo, hay que constatar que en ratos altamente placenteros vinculados a las aficiones somos capaces de olvidar el trastorno. Os pongo un ejemplo.

    Como apasionado de la aviación que soy, hace dos martes fui expresamente a las afueras del aeropuerto de Barcelona-El Prat, como en tantas ocasiones, a hacer un vídeo. Aquella mañana llegaba un colosal Airbus 340-500, un modelo muy poco habitual en Barcelona. Pues bien, durante los seis minutos que estuve grabando con la cámara fotográfica no pensé ni un solo segundo en mi tartamudeo. ¿Qué pretendo decir con esto?.

     Por un lado, que al terminar la grabación me exclamé que había olvidado durante seis minutos que soy disfluente, y lo veía como un detalle relevante. Pero, por otro lado, y a modo de resumen, lo remarco porque es importante subrayar que, muy a menudo, somos muchísimas las personas con tartamudeo que nos pasamos una buena parte del día con nuestro trastorno en los pensamientos.

Etiquetas del post
, ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.