Es indiscutible: las personas con cultura muestran comprensión y sensibilidad hacia la tartamudez

       Algunos de vosotros sabéis que el pasado otoño publiqué una carta en algunos de los principales periódicos de Cataluña con el objetivo de explicar qué es y qué no es la tartamudez, y subrayando que los afectados somos personas tan dignas y válidas como cualquier otra.

         Pues bien, la publicación, que recibió el aplauso unánime de la gente querida de mi entorno más preciado, cuajó bien adentro, además, en varias personas que no forman parte de mi círculo. De esta manera, y considerando que mi madre es bastante conocida en Badalona centro, porque junto con mi hermana está al frente de uno de los comercios más emblemáticos de esta zona de la ciudad, recibí la felicitación sincera y entusiasta de seis clientes. Incluso, uno de ellos, un siempre simpatiquísimo Xavier Langa, pronunció una frase que se me ha quedado clavada en los pensamientos y que seguro perdurará. Afirmó que “¡ya era hora de que alguien hablara así!”. El señor Langa, que me enterneció, daba un apoyo total a todo lo que yo describía en la carta publicada. ¿Y por qué lo digo, todo esto? .

       Porque, lisa y llanamente, las seis personas que, dejando de lado mi entorno, mostraron una atención y valoración extraordinarias, y constatándomelo, hacia mi escrito, son, todas ellas, de una cultura más que notable. De todo ello, por tanto, saqué una conclusión: la gente con cultura tiene un respeto grandioso para todos aquellos que, en ocasiones -o seamos claros, habitualmente- nos tropezamos a la hora de expresar nuestras oraciones.

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