Cuando tartamudeamos, la gente nos suele mirar con caras extrañas y de circunstancias

         Es una realidad bastante común e incuestionable que, cuando las personas con tartamudez tenemos dificultades para articular nuestras oraciones, la gente nos suele mirar con extrañeza y cara de circunstancias. Este detalle es altamente significativo. ¡Y no nos hace ninguna gracia!.

        Sin embargo, hay que matizar que estos comportamientos se producen fuera de las personas de más o menos confianza. Es decir: se dan con aquellos interlocutores que desconocen que tenemos una anomalía en el habla. Dicho de otro modo: un montón interminable de veces me han observado como si yo fuera un extraterrestre, y en tantas ocasiones me han visto, incluso, como si tuviera un cierto retraso mental. O afirmado más suavemente, creo que, como mínimo, tantísima gente ha pensado que soy de lo más peculiar.
       Es conveniente afirmar que estas caras de extrañeza han incluido una cantidad gigantesca de sonrisas. Pero no considero que, estrictamente, de burla; más bien, que la gente debe imaginarse que estoy bromeando o algo similar. Y no, no bromeo cuando me cuesta hablar, pero la gente, contemplando mi expresión oral diferente a lo que es habitual en la población, ha sonreído abierta y clarísimamente quizás miles de veces, lo que no es nada agradable e incluso me han venido ganas de preguntar porque tienen esta actitud. De todo ello he sacado una conclusión que me parece evidente e indiscutible. Y es que, valorando que la tartamudez es una diferencia extremadamente minoritaria, es, aún hoy, invisible y desconocida para una grandiosa parte de la ciudadanía.
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