Querer hablar y no poder es altamente frustrante

     Una de las particularidades vivenciales de las personas con tartamudeo es que, muchas veces, quizás miles si ya somos adultos, hemos desestimado dar unas explicaciones detalladas, incluso en bastantes ocasiones necesarias, a nuestro o nuestros interlocutores. Es decir: los comentarios que hemos hecho en numerosas situaciones y escenarios han sido mucho más breves y limitados de lo que hubiéramos querido. Y dicho esto, no ha sido ni es extraño utilizar sólo monosílabos. Este detalle, sin duda, es frecuente en muchas personas tocadas por la disfluencia, y en este sentido os doy más información con un ejemplo mío reciente.

       Hace dos domingos fuimos toda la familia a pasar el día en Montserrat, es decir, en esta pletórica icona geográfica, paisajística y espiritual que señorea la Cataluña central. Así, mientras contemplábamos a lo lejos, hacia el norte, y gracias a la excelente visibilidad, el Pirineo, todo él único y rutilante, mi primo mayor, Xavier, me dijo literalmente que “venga, Jordi, haz una lección de geografía “. Mi respuesta, lastimosamente, fue mucho más breve y pasajera de lo que yo hubiera deseado. Y es que las palabras emergieron con unas dificultades notables, y lo dejé estar.

         
      Puedo afirmar que no fue muy agradable. Naturalmente, mi primo mayor conoce bien que estudié la licenciatura de Geografía en la Universidad de Barcelona y que he publicado tres libros de esta disciplina, donde se destaca, sobre todo, una “Geografía de Cataluña”, además de numerosos artículos y reportajes. Pero, a pesar de estas circunstancias favorables, no pude dar ningún tipo de lección, ni nada parecido. Mis razonamientos de lo que veían nuestros ojos acabaron pronto. Por lo tanto, saqué una conclusión no sólo relevante sino, además, desalentadora. Y es que querer hablar y no poder es altamente frustrante.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.