Muchas personas con tartamudez se ven incapaces de tener hijos

       Conversando en varias ocasiones con compañeros de ATCAT y de la Fundación Española de la Tartamudez, me he dado cuenta que no es nada raro que chicos y hombres afectados por la tartamudez se vean incapaces de tener hijos -probablemente, lo mejor que le puede pasar a una persona- y, por tanto, de formar una familia. De hecho, no sólo me lo han comentado directamente, sino que, también, se han referido a casos de otra gente disfluente.

     Contrariamente, es cierto que otros compañeros sí han tenido descendencia, aunque no siempre han llevado el habla anómala de la manera más favorable, y en estos momentos hay que verlos como padres plenamente aptos, sólidos y competentes. Pero es verdad: para numerosos afectados y afectadas -y hablo tanto desde un punto de vista masculino como femenino porque igualmente lo he contrastado con chicas y mujeres-, expresarse a trompicones puede convertirse, a la hora de formar una familia, o bien en un impedimento, en un condicionante o, simplemente, en un detalle absolutamente anecdótico e irrelevante.

       Expuesto esto, es muy posible que decantarse por un lado u otro de los tres ahora mencionados vaya del todo ligado a la sensación de incapacidad mayor o menor que tenga cada una de las personas disfluentes. Sea como sea, de todo ello hay que sacar una conclusión bastante clara y contundente. Y es que uno de los obstáculos principales vitales que encuentran un alto número de personas con tartamudez -no todas, pero sí muchas- es si serán capaces, debido a la adversidad que puede representar expresarse arítmicamente, de tener hijos y, en consecuencia, de disfrutar de esta experiencia única, sublime e inigualable que es, a juicio de tanta gente, formar una familia.

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