Muchas veces se ha considerado una persona con tartamudez como «el tonto del pueblo»

 

       Es indiscutible -y lo podría o lo podríamos afirmar tantas veces como haga falta- la deshonra que, desde tiempos pasados, a menudo se ha asociado a la tartamudez. Es cierto: esta singularidad -o anomalia- en la emisión de las palabras ha supuesto que un gran número de afectados hayan sido vistos como seres inferiores. En cuatro palabras precisas: un montón de veces se ha considerado una persona con tartamudez como «el tonto del pueblo». Así de cruel, así de claro, así de injusto y contundente.

      En este contexto, cabe decir que en uno de los últimos encuentros que hemos hecho los socios de ATCAT, nuestro presidente, el extraordinario Josep Sansalvador, puso sobre la mesa de debate esta lamentable realidad. Nos comunicó que «era habitual, en muchas películas españolas de los años sesenta  y setenta, que el tartamudo de la película se le considerara el tonto del pueblo». Esta frase de Josep se me ha quedado clavada en la memoria.

      Aunque desconozco los filmes que mostraban de esta triste y oscura manera el tartamudeo, quisiera cerrar este texto remarcando de nuevo, y profundamente, el estigma y la incomprensión, a todos los niveles y no sólo en el cine, que tan frecuentemente ha acompañado todo aquello que rodea el trastorno del habla más común. En efecto, tanto si vivimos en Badalona -como yo mismo-, como en Segur de Calafell, Ribes de Freser, Zamora o Caracas, las personas que, en ocasiones, nos cuesta expresarnos no somos ni seres inferiores ni «los tontos del pueblo «. Y es que, como todo el mundo, tenemos defectos y virtudes, pero nos une esta peculiaridad oral: de manera más o menos habitual nos atascamos.

 

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