A las personas disfluentes, es preferible que nos habléis con calma y, si puede ser, con cariño

       Considerando que nosotros, las personas disfluentes, raramente hablamos rápido y que, a veces o a menudo, en función del caso, requerimos más tiempo para expresarnos, no es difícil deducir que es preferible que nos habléis con calma, sin prisa ni nervios, e incluso mejor si lo hacéis con cariño.

        Creo que debería ser una de las conductas principales que el 99% restante de la población, o sea, la que se expresa con una plena fluidez, debería adquirir. Y es que muchos afectados de tartamudez corremos más riesgo de liarnos en el supuesto de que el interlocutor esté acelerado, nos genere incomodidad por el motivo que sea o se nos dirija por sorpresa. O lo que quiere decir lo mismo: por ejemplo, no nos gusta que, de repente, un desconocido nos pregunte por la calle tal dirección o tal lugar; o también, si alguien no nos cae precisamente bien tenemos más posibilidades de embarrancar en las frases. Contrariamente, si disfrutamos de buena relación y sintonía con el interlocutor es probable que seamos, en el momento de la conversación, mejores oradores, básicamente porque la persona nos genera confianza. De todos modos, hay que especificar que es lo que suele pasar, porque, ocasionalmente, puede haber excepciones.

     Y, pues, ¿porque justamente hoy cuento todo esto?. Fácil de entender, y ligado a una de estas últimas cuestiones apuntadas. Porque, el viernes pasado, sólo entrar en la entidad financiera que más visito, me di cuenta de la presencia de una de mis ex parejas más importantes, que ya hace una considerable temporada ha conseguido rehacer su vida, con la que, por cierto, tengo una relación magnífica desde hace tiempo.

       Gloria me vino a saludar. A continuación, estuvimos hablando un largo rato, con la actitud recíproca tan favorable de cada ocasión que nos vemos. Ella, como de costumbre, me hablaba relativamente poco a poco, y con cariño. Yo me sentía muy cómodo.

      ¿Y qué pretendo decir con esto ?. Tres cosas. La primera, que el bienestar lo noté en una desaparición casi total de la disfluencia. La segunda, y no teniendo nada que ver con el complejo mundo de la tartamudez, que nuevamente me dejó muy satisfecho, por ser poco habitual, que con una ex pareja pueda haber amistad. Y la tercera, que en los últimos meses y actualmente he pensado y pienso muchas veces que esta espléndida sintonía que tengo con Gloria, quisiera también tenerla con Eva, otra de mis ex parejas más relevantes y notables y que tantas veces me ayudó desinteresadamente en mi día a día no siempre halagüeño de chico con un habla en ocasiones laberíntica.

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