Antes de hablar, muchas personas con tartamudez padecen ansiedad anticipatoria

       Es bien cierto. Una actividad absolutamente cotidiana y rutinaria como es dirigirse a otra persona, es decir, que hay que hablar, puede provocar, en un número elevado de afectados de tartamudeo, una incomodidad emocional bastante aguda. A menudo, por lo tanto, lo que se produce recibe el nombre de ansiedad anticipatoria.

     Es evidente que, en medio de la normalidad oral de toda la población adulta que se expresa con una fluidez absoluta, este dato puede sorprender. Pero, ¿cuántas veces una persona disfluente ha sufrido a escondidas en los instantes previos a pedir una consumición o un plato cualquiera en un restaurante?. De ejemplos, muy probablemente, encontraríamos a montones.

   Cabe decir que esta situación puede ser perfectamente extrapolable en otros escenarios. Pensamos cuando es necesario hacer cola para comprar un producto. Entonces, no es infrecuente que esos minutos se hagan tensos y interminables. O bien, también, cuando hay que pedir un billete de tren en la ventanilla. Afirmado esto, apunto un hecho que no es ninguna rareza. Y es que es corriente encontrar personas que, queriendo un plato en concreto o queriendo adquirir una compra alimentaria, cojan uno que, tal vez, no les ha venido tan a gusto. Es así, subrayémoslo, debido a una razón fundamental: porque pronunciar lo que de verdad se quisiera comer puede costar más decirlo.

      En consecuencia, todo ello es una muestra de los obstáculos que puede conllevar ser disfémico para aquellas personas que tengan un tartamudeo considerable, a pesar de que, en estos casos, y conviene reconocerlo, no se trate de adversidades trascendentales -que, naturalmente, las hay en otros aspectos de la vida-, pero sí molestas.

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